Esteban Gavilan y Carlos Crespín*

El 09 de abril de 2022, un caso mediático en el país fue el de la boda de Belén Barnechea, quien contrajo matrimonio con Martín Cabello de los Cobos, nieto del conde de Fuenteblanca. Este hecho trajo la atención de los medios y ciudadanos quienes observaron en un inicio una temática virreinal en la boda, debido a que se podía apreciar mujeres indígenas y esclavos “encadenados”. La pareja, poco después, salió a aclarar que lejos de ser una representación del virreinato fue una de la diversidad cultural de nuestro país, en este caso de la cultura Moche, pero ¿en verdad fue así? 

Fuente: Composición La República (LR)

La controversia de este caso se dio entre quienes argumentaban que, efectivamente, había sido una muestra de nuestra diversidad y los que, por el contrario, manifestaban que era más una representación errónea de las costumbres de dicha cultura precolombina. Entre estos últimos, el historiador José Ragas, en el diario El País, declaraba que dicha representación, además de errada, fue también desatinada en el contexto en el que se realizó, pues la danza de la soga de la cultura Moche (vista como una muestra de “esclavos” por el público), no fue realizada de manera idónea

Además, la forma en la que se dieron dichas “representaciones” de la cultura moche mostraron lo ajena que se encontraba la pareja en cuanto a estas, debido a que, en lugar de incluirse, las relegaron a otras personas para su entretenimiento. Es decir, el formato del show de “hora loca” de dicha boda ha realizado una banalización, mas no una reivindicación de las costumbres de la cultura moche. La pareja ha representado a estas costumbres como actividades de agentes externos. Ahora bien, al darse esa situación de separación se puede ver una construcción de la “otredad cultural”, la cual ha generado que la sociedad peruana se vea partida en dos. 

Fuente: El Popular

La “otredad cultural” está estrechamente relacionada con los elementos que participan en la construcción de la realidad, en la cual se van constituyendo ciertas funciones y ubicaciones al “otro”. Dicho de otra manera, esta idea hace referencia a cómo nos vemos frente al otro y cómo le vamos asignando ciertas características específicas en relación a las nuestras. En este caso en particular, se puede observar que se genera la característica de alegorizar ciertos eventos y ser parte del espectáculo a lo indígena, mostrando una vez más esa relación del otro versus nosotros. 

De igual manera, otra característica que surge de esta exclusión es la idea de “adorno”, de estar por encima de ello y que puede “usarse” las veces que lo consideren y cuando necesiten que algo se vea relativamente “estético”. Esto se refuerza y demuestra cuando, en un segundo momento, la pareja y cierto grupo de invitados guarda una distancia simbólica respecto de quienes están caracterizando a la cultura Moche dentro de su espacio privado. Esto es observable en la fiesta luego del matrimonio en la que, lejos de incluir las mismas representaciones de los moches, se incluyeron a personas con trajes de guardias españoles como animadores. Es decir, muestran en la esfera pública y externa a la fiesta y a la boda a estas representaciones; no obstante, se incluyen en su esfera privada, en este caso la fiesta, a los guardias españoles.

Dentro de nuestro país, podemos observar que, constantemente se realizan eventos nupciales que genuinamente quieren representar la cultura de nuestro país ¿Por qué se dice verdaderamente? Pues se incluyen dentro de las costumbres, no solamente se les excluye y se les muestra como un evento aparte que sirve para alegorizar, sino más bien para demostrar que ellos son parte de esa cultura, que no es ajeno a ellos. Asimismo, se tienen en cuenta cuales son los eventos que verdaderamente representan algarabía, es decir saber de nuestra historia, diversidad y en qué contextos surgieron, no solamente elegirlo “porque se ven estéticos”, sino más bien por saber lo que realmente significan. Las costumbres y tradiciones tienen un significado, no son solamente representaciones vacías.

En suma, podemos apreciar que estas representaciones lejos de ser una muestra de la diversidad cultural de nuestro país, como lo han estado defendiendo y argumentando ciertos grupos, no es más que una muestra de la “otredad cultural”. Lamentablemente, este fenómeno se vive con regularidad en nuestro país, y, como consecuencia, genera que no podamos desarrollarnos como sociedad y exacerba las desigualdades en nuestro país. Por ello, debemos tener en cuenta que lo indígena no es solo algo “bonito” y “de adorno”. Por el contrario, es parte de nuestra historia y cultura. No somos un “nosotros” y los “otros”,  sino más bien un todos. 


*Esteban Gavilan y Carlos Crespín, estudiantes de la Especialidad de Ciencia Política y Gobierno de la Pontificia Universidad Católica del Perú y asociados de la Comisión de Economía.