Opinión

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El Brexit: Reflexiones sobre la [des] Unión Europea 
Lizeth Ayala
13 de julio de 2016

 

El proceso de unificación europeo se ha constituido como el referente más importante de integración en el mundo. Por la profundidad de sus acuerdos, la entrega de prerrogativas soberanas y su estatus jurídico vinculante logró convertirse en un modelo ineludible en materia de integración regional. Desde sus inicios con la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) en 1951, el proyecto europeo empezó a consolidar las bases de su proyección económica y política. Su objetivo de mantener la paz en el continente se materializó mediante el desarrollo de la interdependencia entre países que históricamente habían sido rivales. El avance paulatino de este proceso continuó hasta conformar la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1957 y, con la firma de sucesivos tratados que fortalecieron la institucionalidad supranacional, se creó lo que se conoce como la Unión Europea desde 1993, que aumentó las competencias comunitarias y consolidó la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas. Su progresiva expansión e incorporación de nuevos miembros parecía manifestar un avance continuo de la Unión, minimizando las posibilidades de retroceso.

Sin embargo, con el resultado del referéndum convocado en Reino Unido sobre su permanencia en la Unión Europea, el paradigma de la integración parece tambalearse en la cuerda floja. Si bien, Reino Unido se ha caracterizado tradicionalmente por su escepticismo hacia la integración –rehusándose, incluso, a adherirse a varios de los acuerdos europeos– la victoria del Leave fue, sin duda, una noticia que sorprendió a Europa y al mundo. El hecho de que un miembro de la Unión se separe del bloque es un golpe inesperado, pese a estar previsto dentro del marco de los acuerdos[1]. El imaginario de la provechosa integración europea se ha ido resquebrajando, no sólo a partir de esta última decisión, sino desde la crisis económica y migratoria que ha tenido que afrontar en los últimos años.

Si bien, la integración europea se desarrolló a partir de una serie de particularidades propias de su historia y geografía; se había consolidado como un modelo a seguir para otras regiones del mundo, entre ellas Latinoamérica en donde, con frecuencia, se ha instado a emular el proceso europeo. Sin embargo, en la actualidad la tendencia predominante en acuerdos regionales parece ser la flexibilidad en los procesos y el intergubernamentalismo, dando primacía a la toma de decisiones al interior de los Estados y reduciendo al mínimo los márgenes de cesión de soberanía. Ante este panorama cabe cuestionarse si estamos asistiendo a un replanteamiento del modelo tradicional de progresiva integración profunda[2], y si es que, en un contexto de globalización –en el que la integración se constituía como un derrotero para la inserción exitosa de los países en la economía mundial–, la prevalencia de los Estados sobre los bloques regionales será un paradigma inamovible.

Sin duda, el surgimiento de nacionalismos y la preferencia a conservar las potestades de soberanía estatal hace que los países sean reacios a ceder competencias a los procesos de integración. En el caso de Europa, aunque los Estados estuvieron dispuestos a ceder gran parte de su autonomía en aras de la integración, uno de los problemas neurálgicos ha sido la falta de democracia visible y el déficit de representatividad de la Unión Europea frente a la población. En este punto, prevalece la necesidad de los ciudadanos de sentirse realmente representados en las altas instancias gubernamentales de la Unión y mayormente vinculados e identificados con el proyecto europeo –un asunto que, aunque previsto, aún no se ha consolidado del todo en el Viejo Continente. Se requiere, además, generar un mayor nivel de credibilidad en la integración para afrontar desde la unidad europea las crisis actuales y futuras. Cubrir estas demandas es indispensable para mejorar la imagen que debe proyectar la integración en la ciudadanía, lo que constituye uno de los retos más importantes de la Unión.

El riesgo para el proyecto europeo en la actualidad es que la decisión británica pueda suscitar un efecto contagio en el resto de países de la Unión. Si bien, los movimientos nacionalistas y euroescépticos aún no representan a la mayoría de la población europea; las voces críticas se oyen cada vez más fuerte y atraen una mayor cantidad de adeptos que se sienten identificados a causa de sus frustraciones con la integración. Problemáticas como la crisis económica de 2008, la profundización de la desigualdad entre los países de la Unión y, más recientemente, la llegada masiva de refugiados desde Medio Oriente, hicieron visible las fisuras en la integración.

Del proceso de salida de Reino Unido y su facilidad para adaptarse a las nuevas condiciones fuera de la Unión Europea dependerá que otros países también opten por replantear su permanencia, considerando el incremento de las presiones a nivel interno. Finalmente, los impactos del Brexit a nivel regional e internacional en el largo plazo son aún difíciles de estimar. Si bien, en opinión de muchos analistas y actores políticos, el retiro de Reino Unido de la integración europea es un grave desacierto, la historia suele desarrollarse en torno a coyunturas paradójicas y, muchas veces, impredecibles. Para la muestra, el mismo Brexit.

 

[1] El artículo 50 del Tratado de Lisboa, en vigor desde el año 2009, estipula el proceso de salida de un miembro de la Unión Europea; sin embargo, se trata de un hecho sin precedentes que genera múltiples dudas e incertidumbre en su ejecución.

[2] Representado en planteamientos como la teoría de la integración económica de Bela Balassa (1961).

 

 

Bibliografía

Balassa, B. (1961). The Theory of Economic Integration. Connecticut: Greenwood Press.

Lindarte, E. (2016). Brexit: causas, consecuencias y reflexiones. Disponible en: http://www.razonpublica.com/index.php/internacional-temas-32/9552-brexit-causas,-consecuencias-y-reflexiones (Consultado el 6 de julio de 2016)

Schwarzer, D. (2016). After Brexit, EU Must Refocus on Credibility, Transparency, Legitimacy. Disponible en: http://www.worldaffairsjournal.org/article/after-brexit-eu-must-refocus-credibility-transparency-legitimacy (Consultado el 7 de julio de 2016)

Stokes, B. (2016). Brexit vote highlighted UK’s discontent with EU, but other European countries are grumbling too. Disponible en: http://www.pewresearch.org/fact-tank/2016/06/24/brexit-vote-highlighted-uks-discontent-with-eu-but-other-european-countries-are-grumbling-too/ (Consultado el 7 de julio de 2016)

Stokes, B. (2016). Euroskepticism Beyond Brexit. Disponible en: http://www.pewglobal.org/2016/06/07/euroskepticism-beyond-brexit/ (Consultado el 7 de julio de 2016)

The New York Times. (2016). Cómo revivir la promesa de la Unión Europea. Disponible en: http://www.nytimes.com/es/2016/07/04/como-revivir-la-promesa-de-la-union-europea/ (Consultado el 7 de julio de 2016)

World Politics Review. (2016). The Origins of Brexit and Europe’s Crisis of Democracy. Disponible en: http://www.worldpoliticsreview.com/articles/19234/the-origins-of-brexit-and-europe-s-crisis-of-democracy (Consultado el 6 de julio de 2016) 
 

Descripción del autor: Candidata a Magister en Asuntos Internacionales de la Universidad Externado de Colombia y profesional en Negocios Internacionales por la Universidad Santo Tomás. Actualmente es co-investigadora del Grupo de Orden Internacional y Órdenes Regionales (GIOR) de la Pontificia Universidad Católica del Perú. 

**La Asociación Civil POLITAI agradece a Camila Bendezu, estudiante de Ciencia Política y Gobierno de la Pontificia Universidad Católica del Perú, por publicar su artículo en este medio. La Asociación no comparte necesariamente las opiniones del autor.

 

 

 

 

   

 

 

 
 
 
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