Opinión

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Comentarios a la revista POLITAI N°2.
Iván Lanegra
30 de junio de 2011.

Deseo agradecer a los integrantes de la Asociación Civil Politai la gentil invitación a comentar el segundo número de su revista, el cual es en realidad el tercero.

El tema escogido, la calidad de la democracia, resulta no sólo relevante por el interés que este concepto ha generado en la literatura especializada de la disciplina de la ciencia política. La discusión que se produce alrededor de este concepto puede aportar elementos importantes para la comprensión y la acción dentro de la particular coyuntura política que atraviesa nuestro país.

Como es conocido, el estudio de la democracia cobró un gran dinamismo en el contexto de la denominada “Tercera Ola” de la democratización, iniciada a mediados de los años 70 del siglo pasado. En dicho marco, aumentaron los casos a analizar y comparar, haciéndose evidente la necesidad de contar con criterios que nos permitieran poder diferenciar aquellos regímenes políticos que podían ser calificados de democráticos respecto de aquellos que no podían merecer dicha calificación. Esto en un escenario donde el principio de legitimidad democrático, como ha sostenido Giovanni Sartori, se vuelve casi el único disponible.

Como resultado se ha optado, mayoritariamente entre los especialistas, por una definición de raigambre liberal y de enfoque procedimental, la cual debe mucho a la concepción elitista de la democracia y al concepto de “poliarquía” de Dahl: elecciones libres e imparciales, sufragio universal, libertades a la expresión, información y asociación debidamente garantizadas. Competencia por el acceso e influencia sobre el gobierno en un marco de derechos.


Así, ya es posible saber, usando un símil deportivo, que se está jugando football y no, por ejemplo, el rugby. Pero también, y esto resulta particularmente importante en los nuevos regímenes políticos, diferenciar la democracia de otros regímenes políticos que, teniendo algunos elementos de la definición poliárquica, en particular el componente electoral, presentan carencias con relación a otros componentes. Por dicha razón, no es posible llamarlos democracias. Me refiero, desde luego, a los regímenes híbridos. Una suerte de pseudo-football con jueces comprados, o en donde la integridad de los jugadores no está garantizada plenamente.


Gran parte de los estudios posteriores discutieron las condiciones bajo las cuales era posible transitar hacia un régimen democrático, y el papel que los distintos actores juegan (o pueden jugar) en dicho proceso, así como la dinámica que este generaba. Como afirma el Profesor Sinesio López, en la presentación de este número de Politai, esto llevó a preocuparse también sobre el “fin de la transción”, y definir, a su vez, el momento en el cual se podía hablar de una democracia “consolidada”. La respuesta, por cierto, también dependía de las dimensiones que atribuíamos a este concepto de “consolidación”. El profesor López nos propone no olvidar la necesidad de hacer un balance crítico de los resultados de este esfuerzo teórico.

Sin embargo, conforme las democracias que iban apareciendo, incluyendo a América Latina, iban alcanzando cierta “durabilidad”, se giraba la mirada hacia las diferencias en su desempeño, pues se apreciaban importantes divergencias con relación a las democracias más antiguas, e incluso entre las propias democracias nuevas. ¿Cómo describir estas diferencias, y cómo explicarlas? Con las mismas reglas, se pueden jugar partidos de football muy distintos, tanto desde la perspectiva de los jugadores, o actores, como desde los observadores “externos”.


Me parece que puedo excusarme de explicarles lo difícil que puede ser el ponernos de acuerdo sobre los criterios para juzgar la calidad de la democracia.

Morlino, ha planteado tres puntos de referencia. En primer lugar, la calidad en la aplicación de los propios procedimientos. En segundo término la calidad como logro de los objetivos de la democracia, que él considera son la libertad y la igualdad, sus grandes promesas. Y finalmente, la calidad como satisfacción ciudadana con su desempeño. ¿Y cómo relacionar esto con las condiciones bajo las cuales se desarrolla el régimen, la calidad del Estado, las condiciones socioeconómicas?, ¿y por qué no pensar también en la calidad de los jugadores, o de los políticos, como plantea el Profesor Manuel Alcantára en su artículo?


Son múltiples los aspectos que se han considerado en este análisis, dentro del marco señalado y, como se revela de la revisión de los artículos que componen la revista que comentamos, no existe un criterio único al respecto. Les recomiendo, para una síntesis apretada de esta discusión, el artículo que ha preparado la Comisión de Investigaciones de Politai, el cual, además, se avoca a mirar con detalle uno de los componentes de la calidad de la democracia, la conexión entre el régimen y lo que esperan o demandan los ciudadanos de él (“responsiveness”).

No obstante, la literatura reciente también revela un proceso de diálogo y convergencia que seguramente seguirá madurando.

Los autores reunidos en el presente número de Politai han escogido en particular conceptos como el gobierno o imperio de la ley, el accountability, en sus dimensiones vertical electoral, vertical social y horizontal. La autoridad se ve así puesta a rendir cuentas frente a sus electores, frente a los ciudadanos movilizados y frente a otras instituciones estatales de supervisión y control. Y muchos de estos artículos destacan la importancia que las instituciones tienen en el proceso de garantizar el buen desempeño del régimen, que por cierto no debe equipararse con el bueno desempeño del gobierno.

Sin embargo, América Latina, como muestran los artículos de Perez y Aragón y el de Perez-Liñan, las instituciones responsables del cumplimiento y aplicación de la ley pueden ser objeto de cooptación por parte de los poderes gubernamentales, neutralizando o pervirtiendo su capacidad para garantizar el imperio de la ley o la eficacia del accountability horizontal.

Perez-Liñan, haciendo una revisión de situaciones en las cuales los gobiernos toman el control de las judicaturas responsables del control de la constitucionalidad, sean las cortes supremas o los tribunales constitucionales, muestra que un 75% son derivadas de situaciones extraordinarias. Y no necesariamente golpes de estado, que ocupan sólo un 10% de los casos, sino de los cambios de la Constitución, que llegan a representar el 40% de la muestra. Es entonces, la inestabilidad política, o si prefieren, la variación constante de las reglas institucionales del juego político lo que originaría una mayor vulnerabilidad de las instituciones.

Lo descrito muestra un fuerte vínculo con lo señalado por Mikel Barreda al analizar la situación del accountability en América Latina. Él elabora un índice mediante el cual hace operativo el concepto de accountability vertical electoral a partir de indicadores sobre la limpieza de las elecciones, la fortaleza del sistema de partidos y la estabilidad electoral. De otro lado, relaciona el accountability vertical social con la participación comunitaria y la libertad de prensa, mientras que vincula el accountability horizontal con las constricciones políticas que enfrentan las entidades gubernamentales, la acción de actores políticos con veto y la fortaleza del estado de derecho o el gobierno de la ley. Lo que se revela es que pueden separarse los países en grupos. Uno de estos agrupa a quienes muestran un mejor desempeño conjunto en la dimensión vertical y horizontal, otros dos juntan a los que se muestran mejor en una sola de dichas dimensiones (el Perú está en el grupo con mejor desempeño horizontal que vertical) y otro incluye a los que muestran un menor desempeño en ambas.

¿Dónde están las variables explicativas de las diferencias identificadas? Aunque Barreda nos habla de una clara situación multicausal, incluyendo el factor de la fragmentación étinico cultural, de gran importancia para nuestros países, se inclina por darle mayor importancia a lo que denomina la experiencia democrática. Es decir, la existencia de una tradición o un pasado de vida democrática. Quizá, una forma diferente de plantearlo, es referirnos a la durabilidad de las instituciones, o a la estabilidad de las mismas. Y esto es puede ser relacionado con lo dicho por Perez-Liñan, en el sentido de ver en los cambios constantes, la ausencia de condiciones para una acumulación de experiencia democrática.

El resultado, es decir, el debilitamiento del gobierno de la ley, tiene un efecto grave sobre la percepción y confianza de la ciudadanía en las instituciones públicas. Perez-Liñan cita a Richard Nixon, en la famosa entrevista que le hizo Frost, “cuando el presidente lo hace, significa que no es ilegal”. Nosotros podríamos agregar frases más nuestras, como las popularizadas por el presidente Benavides o por Getulio Vargas de Brasil “para mis amigos todo, para mis enemigos la ley”, o esa otra que hace evidente la distancia entre nuestra gran sofisticación legal, y nuestra casi manía por la dación de normas frente a la realidad de su aplicación: “la ley se acata, pero no se cumple”.

Ahora, ¿estas son todas las perspectivas posibles? Pues no, el escenario de debate es mucho más amplio, y el artículo del Profesor Aldo Panfichi, nos muestra la importancia de mantenernos abiertos a otras perspectivas. Por ejemplo, una mirada dinámica que entienda el debate sobre la democracia, su concepción y concreción, como una lucha de distintos proyectos políticos en pugna, con desenlaces abiertos. No veo problema en tener en cuenta estas distintas estrategias de investigación. Creo, por el contrario, que pueden enriquecer nuestra comprensión de la democracia.

Los temas que he rápidamente mostrado abren preguntas que deben guiar la mirada atenta a nueva coyuntura que seguramente planteará nuevos desafíos a la vida democrática, sabiendo, como Gandhi pensaba, que el espíritu de la democracia sólo puede surgir del interior de las sociedades, que no puede limitarse a cambios formales, sino que requiere un compromiso efectivo con la libertad y el uso de mecanismos pacíficos para resolver nuestros conflictos. Un compromiso que se muestra en el testimonio que brinda el Profesor Henry Pease en la estupenda entrevista que nos regala la revista.

Así que a leer este nuevo número con espíritu crítico y mirada atenta, que ese será la mejor recompensa para sus autores.

Muchas gracias*Intervención en la presentación de la Revista Politai: Calidad de la Democracia, 21 de junio de 2010.

*La Asociación Civil POLITAI agradece a Iván Lanegra (PUCP) por autorizar la reproducción de su presentación, así mismo por su participación en esa mesa junto a Rafael Roncagliolo y Jorge Bruce. La Asociación no comparte necesariamente las opiniones del autor.
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