Opinión

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Elecciones con sabor a guerra
Lucía Mercado
15 de marzo de 2012.

Irán e Israel presentan la relación más tensa y conflictiva del medio oriente.  Sus constantes discrepancias y mutuas advertencias son ya conocidas, pero la presión por una acción bélica preventiva ante una posible amenaza nuclear iraní ha retomado fuerza en el discurso del Primer Ministro israelí, Binyamin Netanyahu, durante las últimas semanas.

La preocupación de Israel no resta de ser justificada cuando la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) informó en febrero que Irán ha incrementado sus actividades de enriquecimiento nuclear, al haber triplicado su producción mensual de uranio. Sin embargo, la contraparte iraní se excusa en que su programa nuclear es pacífico. Las dudas al respecto no pecan de descabelladas. Pero, ¿son suficientes para atacar militarmente a Irán en nombre del “quizás”?

Israel considera que sí y ha comenzado a presionar políticamente a su más eficiente aliado: Estados Unidos. El pasado 5 de marzo, el premier de Israel, se reunió con su homólogo estadounidense, Barack Obama, para instar al gobierno norteamericano a tomar acciones armadas frente al programa nuclear iraní. Sin Estados Unidos, un ataque unilateral israelita sería un suicidio para este país debido a las tensiones que provocaría con el resto de sus vecinos árabes. El poco entusiasmo que Obama presentó frente a su propuesta, dejó a Netanyahu ofuscado, pero a Teherán respirar un poco más tranquilo, al menos de momento.

Es curioso que mientras Netanyahu se muestra intolerante ante cualquier otro tipo de accionar que no sea el armado, la mayoría de sus  conciudadanos discrepen con él. Según la encuesta hecha por el Instituto Brookings, sólo 19% de los israelitas apoyan un ataque unilateral a Irán.

Si se analizan las carreras armamentistas de los últimos años, podemos notar como el uso efectivo de estos arsenales ha sido, en la mayoría de casos, nulo. Es decir, el balance de poder en el sistema internacional, se redefine, hoy en día, únicamente mediante la amenaza del uso de estas armas, y es a través de ésta que se generan presiones, coacciones y acuerdos. Las acciones militares reales son evitadas. La posesión de armas atómicas forma parte de esta dinámica. Son nueve países los que confirman que las poseen: Estados Unidos, Rusia, Francia, China, India, Israel, Reino Unido, Corea del Norte y Pakistán. Al ser considerados los instrumentos con mayor poder de destrucción, éstos Estados resultan muy intimidantes, al menos lo suficiente como para disuadir posibles acciones violentas contra su territorio.


¿A qué se deben, entonces, las presiones y declaraciones atemorizantes del premier israelita? ¿A miedos genuinos? Sí. ¿Lo suficientes como para comenzar un ataque unilateral? No parece verosímil. Pero, ¿una campaña electoral en miras a una reelección este 2012? Suena más probable.

Según la última encuesta realizada el cinco de marzo por el diario israelita Haaretz, Netanyahu cuenta con un 53% de aprobación, subiendo en 8 puntos su grado de aceptación desde la última encuesta realizada en Diciembre. Este fenómeno no es nuevo al primer ministro, sus discursos internacionales en defensa de Israel a cualquier costo y las amenazas de posibles conflictos armados futuros ya han sido una fórmula de éxito previa. Después del discurso que dio ante las Naciones Unidas en marzo del 2009 contra la creación del Estado Palestino, su popularidad aumentó 16 puntos porcentuales, yendo de un bajo 28% a 44% en el mismo mes.


La exposición mediática que su encuentro con Obama ha suscitado, el engrandecimiento del discurso sobre la amenaza iraní y su “necesidad” de ataques preventivos pueden ser la mezcla perfecta para conseguir un segundo mandato.

Por su lado, Estados Unidos también se encuentra en un año de elecciones y juega su apoyo a Israel cuidadosamente, un mal paso significa un voto menos. En el lado de los demócratas, Barack Obama pretende la reelección con una opción conciliadora, proponiendo buscar soluciones diplomáticas al programa nuclear iraní. Mientras que los republicanos se muestran más radicales al apoyar la propuesta del ataque preventivo. Dentro de este grupo Rick Santorum, quien lidera las primarias republicanas, presenta el discurso más extremo a favor de la acción armada contra Teherán.


Las decisiones del país norteamericano respecto a la situación de medio oriente, serán las que definirán, finalmente, el curso de acciones a tomar. A pesar de los diferentes discursos electorales, ambos países seguirán manteniendo una relación simbiótica. Israel necesita del país occidental, pues no es lo suficientemente fuerte para sobrellevar la carga de un conflicto armado solo.  Mientras que Estados Unidos, no dejará de proteger a la nación israelí con la pretensión de mantener un foco de influencia occidental en la zona medio oriental. El cómo lo proteja va a ser clave para la historia de toda la humanidad.


Las propuestas electorales, tanto de Israel como de Estados Unidos, no deben basarse en ataques innecesarios. Un conflicto armado en nombre de un sufragio, no debe ser aceptado. Y la situación actual del programa nuclear iraní, aún no amerita llegar a ese extremo.

* La Asociación Civil Politai agradece a Lucía Mercado (estudiante PUCP y miembro de la Comisión de Investigaciones de Politai)  por publicar su comentario en este medio. La Asociación no comparte necesariamente las opiniones de la autora
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