Opinión

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¿Por qué creo que no debería aprobarse la ley universitaria? 
Juan Fernando Vega 
16 de Junio de 2014. 
 

La respuesta más breve que puedo dar es porque estorbará la construcción de la Ley Marco de la Educación Superior que necesitamos urgentemente para enfrentar los siguientes desafíos:

Ruptura de la barrera estamental en la educación superior. Nuestro sistema actual no aprecia los conocimientos técnicos y sobrevalora a los estudios universitarios; es necesario romper los paradigmas de superioridad y exclusión sobre los cuales está construida nuestra discusión. Es imperativo romper la barrera estamental que hace que al más competente y mejor formado profesional de educación superior técnica no se le reconozca ningún nivel en la educación superior universitaria. El sistema al que debemos apuntar debe abrir sus puertas y establecer mecanismos de reconocimiento de créditos que permitan a egresados de educación superior técnica obtener títulos universitarios sin tener que volver a empezar desde cero (como se hace hoy con los graduados de los Instituto Superior Pedagógico o los institutos de la red de algunas universidades privadas). Esto, adicionalmente, legitimaría la tendencia, hoy leída recíprocamente como oportunismo, por la que tanto las universidades como los institutos crean carreras sobre el terreno del otro: los institutos obtienen acreditaciones internacionales como ingenierías de ejecución y las universidades crean facultades para brindar carreras antes reservadas a la técnica como Artes Escénicas o Gastronomía. 

Diversificación de la oferta para atender a una demanda heterogénea. Atender al 35% de la población peruana y apuntar a atender a su totalidad, no puede significar lo mismo que atender al 5% de la población que atendíamos en los sesentas. Más allá de los recursos requeridos, preparar el sistema para universalizar el servicio de educación superior requiere pensar en cómo diversificar la oferta institucional para atender a una demanda cada vez más heterogénea. La universidad como la conocemos y estamos acostumbrados a discutirla es solo parte del sistema de educación superior al que debemos apuntar. Necesitamos pensar en términos de ecosistema de educación superior. No solo para pensar cuántas vacantes requerimos, a qué precios según las necesidades del país o según la demanda y capacidad de financiamiento; sino, también con qué modelos institucionales. Podrían existir institutos técnico-universitarios, universidades de pregrado-enseñanza; universidades de maestría-profesionalizantes; universidades de doctorado e investigación con roles diferentes pero convergentes en el ecosistema. Existe este modelo diversificado en otras partes del mundo, por ejemplo, es el sistema de la Universidad de California que fue diseñado en los sesentas para ofrecer educación superior a cualquier ciudadano californiano que lo demandara. 

Diseño de soluciones mixtas y nueva oferta virtual-interactiva. No solo facilitar, sino promover la innovación y la incorporación de las nuevas tecnologías tanto para diseñar soluciones mixtas dentro de los actuales servicios de educación superior presencial, como para el diseño de nueva oferta virtual-interactiva siguiendo las tendencias internacionales de sistemas y universidad. En el sistema del Reino Unido se creó la Open University (http://www.open.ac.uk/), en el sistema español se creó la Universidad Nacional de Educación a Distancia (www.uned.es/) y gobernadores de varios Estados en USA crearon la Western Governors University (http://www.wgu.edu/). Por otro lado, universidades del más alto prestigio crean tanto cursos MOOCs (Massive Online Open Courses) como es el caso de Harvard University (https://www.edx.org/school/harvardx) o Stanford University (http://online.stanford.edu/courses) o incluso carreras sobre plataformas MOOC  (Massive Online Degrees) como una maestría en ciencias de la computación en Georgia Tech (https://www.udacity.com/georgia-tech). Estas innovaciones más allá del valor propio de la experimentación están orientadas a desarrollar nuevos servicios de enseñanza a menor precio, por lo que son indispensables para hacer efectivo el mandato social de convertir la educación superior en un derecho de todos. 

Espacio para la creación de nuevos perfiles profesionales y científicos. Permitir y facilitar la rápida diversificación de trayectos formativos que atiendan al rápido cambio en los perfiles de competencia exigidos por el impacto del acelerado cambio tecnológico en la demanda laboral. Esto supone construir un sistema que brinde la necesaria libertad a las instituciones educativas tanto para adaptarse a los cambios que se les presenten, como para adelantarse a ellos, innovar y generar nuevas oportunidades de desarrollo humano. Las atribuciones de la Superintendencia sobre acreditación o licenciamiento no solo de universidades y filiales sino de “facultades, escuelas y programas de estudios conducentes a grado académico” [1] es claramente una amenaza de parálisis como lo demuestra la actual dificultad para innovar en la educación técnica superior, regulada por el Ministerio. 

Orientación al servicio e innovación. La búsqueda de la verdad no debe servir de argumento para deslegitimar los esfuerzos de generar nuevos productos, procesos y servicios que pongan en valor los recursos nacionales y dinamicen nuestra economía en favor del desarrollo integral. Hay que alentar, a través de diversos modelos de cooperación público-privada entre tipos institucionales con distintas misiones, una educación superior que promueva nuevas relaciones entre el Estado, las empresas, las demandas sociales y el sistema. Deben ser posibles instituciones al servicio de distintos entornos: entornos más locales, como el de las regiones; más universales, como los de desarrollo académico; más orientados a la producción, como el desarrollo de innovaciones y patentes; o más orientados a las demandas de aprendizaje profesional de los alumnos, como las formas virtuales de enseñanza; entre otras. 

Una última mención que requeriría un artículo propio es la necesidad de pensar las condiciones materiales sobre las que se podría construir este escenario. Con el supuesto de que el Congreso dicta normas sin impacto presupuestal se ha cometido el error de no incluir el tema sobre cómo se financiará las consecuencias de la ley. Pero esta argumentación requiere un desarrollo matizado, ya que es probable que cualquier propuesta sea inmediatamente descalificada ex ante como favorable al interés privado y contraria al interés público.

 Existen muchos otros retos que podrían resumirse con el gran mandato contemporáneo de construir un sistema de “educación para todos durante toda la vida”; mandato que implica transgredir las “cajitas conceptuales” con las que hemos organizado tradicionalmente el discurso sobre el tema. 

Para enfrentar estos retos se requiere considerarlos dentro del asunto sobre el que se quiere legislar. Una reducción del problema a la idea de que tenemos demasiada oferta y de mala calidad ha conducido a una solución errónea. Efectivamente, tenemos una parte de la oferta de muy mala calidad, sin embargo, de ninguna manera, tenemos una oferta excesiva. Debemos prepararnos para atender a todos los jóvenes peruanos en la educación superior, para pasar al más breve plazo de 35% a 95% de cobertura. Pero eso requiere no solo mejorar la calidad, sino posibilitar la creación de un sistema que atienda diferentes necesidades, diferentes intereses, diferentes competencias y diferentes tipos de inteligencia. 

La propuesta de ley universitaria tal como está planteada, con las desmesuradas atribuciones que se le concede a la Superintendencia y la definición restringida de la universidad (de investigación), es ciega respecto a todos estos temas y de ser aprobada, resultará un estorbo para el diseño de las nuevas soluciones que se requiere. 

El futuro requiere diversidad, flexibilidad e innovación, la ley propuesta nos cierra el panorama y nos obliga a concentrarnos en una parte como si fuera el todo: Universidad de investigación no es sinónimo de educación superior. Los problemas de los que hablamos hoy, no son los únicos que deberíamos estar discutiendo, estamos a tiempo de incorporar todos estos retos al debate.  

 

* La Asociación Civil Politai agradece a Juan Fernando Vega (Pontificia Universidad Católica del Perú) por publicar su comentario en este medio. La Asociación no comparte necesariamente las opiniones del autor.

 

 

 

   

 

 

 
 
 
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