Opinión

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Sin Montesinos.
Fernando Rospigliosi
15 de mayo de 2011.

No tengo certezas sobre Keiko Fujimori. Pero no creo que sea un títere de su padre ni que vaya a repetir la dictadura de la década de 1990.

Las críticas a Keiko Fujimori se basan casi exclusivamente en el supuesto que sería una repetición, tal vez corregida y aumentada, del gobierno de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos.

Es una imagen fuerte, por supuesto, que le genera resistencia. Pero que no tiene mucho fundamento.

Cerebro y operador

Durante diez años fui un opositor a Fujimori. En ese periodo escribí centenares de artículos y varios libros observando, estudiando, analizando y reprobando ese gobierno.
Mis críticas no iban dirigidas a personajes secundarios sino a Fujimori, Montesinos y Nicolás Hermoza Ríos. Es decir, a los verdaderos detentadores del poder.
Como otros opositores, recibí repetidas amenazas, interceptaron mis teléfonos y correos electrónicos y fui objeto de inmundas campañas de desprestigio en los pasquines al servicio del gobierno.


Una clara conclusión a la que llegué, y que publiqué en numerosas oportunidades, es que el cerebro y operador principal de la dictadura era Vladimiro Montesinos. No es que Alberto Fujimori fuera un ingenuo engañado por su compinche. Era socio y cómplice.
Pero sin Montesinos no hubiera habido golpe ni control de las Fuerzas Armadas, Poder Judicial, medios de comunicación, etc. Alberto Fujimori, así lo hubiera intentado, no hubiera podido hacerlo sin Montesinos. (Ver “Montesinos y las Fuerzas Armadas. Cómo controló durante una década las instituciones militares”, IEP, 2000. Algunos párrafos reproducidos en La República 24.4.11, “¿Se repetirá?”).

Alberto Fujimori tuvo un chispazo de lucidez en noviembre del 2000 y fugó del país. Se dio cuenta de que sin Montesinos no podía gobernar. Luego, convencido por sus ayayeros, cometió el peor error de su vida y regresó a Chile el 2005.

Dudas

El punto es que Montesinos está preso y condenado, y no será indultado ni liberado por ningún motivo ni bajo ninguna circunstancia. Es políticamente imposible. Eso implica que no podrá jugar, de ninguna manera, el papel que desempeñó en la década de 1990.

Mi conclusión es clara y sencilla: Keiko Fujimori, así quisiera, no podría repetir la experiencia del gobierno de su padre. Nadie de su entorno, ni nadie que se pueda encontrar en el camino, podría jugar el papel de Montesinos.

No solo el país tiene la experiencia de lo ocurrido y estará más vigilante, sino que personajes como ese no se repiten fácilmente.
Tampoco creo que Keiko Fujimori quiera hacer lo que hizo su padre. Tengo dudas sobre si su gobierno será bueno, regular o malo. No sé a quiénes escogerá para integrarlo si gana las elecciones.

En su entorno hay gente honesta y capaz. Y también impresentables. Es joven, con poca experiencia, pero tiene la mente abierta.

Debate con Levitsky

Respeto mucho las opiniones de Steven Levitsky, coincido en muchas cosas con él, pero no concuerdo con su apreciación de Keiko Fujimori. Sobre todo por lo que dije antes: no estará Montesinos.
Me parece que no es pertinente comparar a los Fujimori con los dictadores sirios Hafez al Assad y su hijo Bashir, como hace Levitsky.

No solo es una dictadura incomparablemente más brutal y sanguinaria, sino que se trata de un país en el que jamás ha existido la democracia, ni siquiera de la forma rudimentaria que tenemos en el Perú. Y el hijo sucedió inmediatamente al padre que falleció, así es que el régimen se mantuvo incólume, a diferencia de la dictadura de los 90 en el Perú, que fue derrocada y acabó con sus tres principales protagonistas presos y sentenciados. Aquí hubo una ruptura y la restauración de la democracia.

Tampoco creo, como piensa Levitsky, que “en el caso del fujimorismo, es la misma gente que trazó, llevó a cabo y/o defendió públicamente los hechos delictivos que devastaron las ya débiles instituciones políticas y legales peruanas durante la década de 1990”. O como dice “Otra Mirada”: “¿es posible otro fujimorismo? Hasta ahora no parece.” (“Las dudas de Rospigliosi”).

Keiko Fujimori no ideó ni aplicó el modelo autoritario. Y sin Montesinos no es posible repetir el esquema de los 90.

Certezas

En conclusión, como dije la semana pasada, no tengo dudas de que Ollanta Humala es autoritario, antidemocrático, violador de los derechos humanos, estatista, oportunista y camaleónico. Se ha disfrazado para aparentar algo que no es.
Tengo dudas sobre si Keiko Fujimori hará un gobierno bueno, regular o malo, pero en ningún caso dará un salto al vacío. Y no tendrá a Vladimiro Montesinos a su lado para destruir la democracia.

En suma, tengo certezas sobre Ollanta Humala y dudas sobre Keiko Fujimori.

*La Asociación, por sus principios, no comparte las opiniones del autor.
*Artículo publicado en el diario La República 08/05/2011. En respuesta a los comentarios del profesor Steven Levitsky publicado por este medio.
 
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