Opinión

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Breve historia del conflicto en Mali
Helen Morris
22 de enero de 2013

Esta semana el mundo ha observado, mediante las cámaras internacionales, cómo se ha desarrollado la crisis de rehenes en una estación petrolera en la frontera entre Argelia y Mali. El número de muertos hoy es 23, cifra que probablemente crezca una vez que se tenga mayor información de la situación. Esta tragedia ha concitado la atención internacional en la extensión y peligro de la crisis de Mali.

La región árida que forma el país de Mali fue colonizada por los franceses durante la gran división del continente africano entre los imperios europeos. Francia mantuvo la colonia como una fuente de recursos y mano de obra, sin embargo no se desarrolló un aparato estatal fuerte ni se invirtió su estructura. Por este motivo, cuando Mali ganó su independencia en el año 1960, el país no tuvo la infraestructura estatal necesaria para entrar en el escenario internacional con confianza. En las décadas siguientes, Mali experimentó una serie de crisis producto de sequías catastróficas, insurrecciones de grupos con poca representación política, duros problemas económicos, etc.

El conflicto que ha estallado durante el año pasado es el producto final de estas crisis, de 150 años de explotación y mala gestión por parte de los gobiernos. El norte de Mali está poblado por  grupos islámicos nómades, los Tuareg. Ellos tienen un profundo sentimiento de marginalización por parte de la administración colonial, y, desde 1960, por los gobiernos del país. Es un grupo que se ha levantado algunas veces y fueron derrotados con un fuerte grado de represión por los gobiernos militares. Esta situación se agravó en tanto las sequías y la mala administración pusieron al país en vulnerabilidad a nivel nacional e internacional. Las insurrecciones desestabilizaron al resto del país dando oportunidad a gobiernos represivos. Por otro lado, algunos grupos tuareg huyeron de Mali provocando conflicto en países vecinos como Níger, Mauritania y Argelia.


En la denominada Primavera Árabe, la región se desestabilizó aun más y empezaron a notarse las consecuencias en el conflicto de Mali. Los tuareg desplazados formaron parte del ejercito liberiano que respaldó a Muammar Gaddafi en sus ofensivas finales, los mismos que una vez derrotados regresaron a Mali armados y volvió a encenderse el conflicto del norte.

Los grupos que iniciaron la rebelión en enero de 2012 exigían la secesión de Azawad, la región norteña de los tuareg, del Estado malí. La violencia y caos frustraron al resto del país, y en marzo un grupo formado por soldados del ejército de Mali tomó el poder derrocando al presidente Toure y se suspendió la Constitución. En abril, los rebeldes declararon el norte como Estado independiente. Sin embargo, el territorio del nuevo Estado rebelde también incorporó gente de étnicas y grupos subsaharianas, quienes protestaron por su inclusión en un Estado islámico bajo las leyes de sharia. Durante el resto de 2012 se intensificó la violencia de la región por los entrenamientos que aumentando entre los diferentes grupos.

El 2013 inició con el anuncio del gobierno francés de despachar tropas a Mali para estabilizar la situación. Durante toda la semana pasada el ejército francés ha lanzado ataques aéreos y ofensivas terrestres en Mali. Tomado en cuenta la crisis de los rehenes de Argelia, y con las conexiones entre los grupos tuareg y Al Qaeda, es bastante obvio que Mali se ha tornado en un problema internacional.

La pregunta es ¿cómo debe reaccionar la comunidad internacional? ¿Y cual es la responsabilidad internacional para la estabilización de un país subdesarrollado que no ha tenido un rol importante en el escenario global hasta ahora?

La falta de desarrollo de Mali responde a la tendencia histórica de las colonias africanas que se han independizado. Sus colonizadores no los apoyaron lo suficiente durante el periodo colonial, y la comunidad internacional ha continuado con la explotación de sus recursos, impidiendo la diversificación de su economía y el desarrollo de instituciones democráticas y una cultura cívica. Asimismo, las tensiones étnicas y religiosas que causaron el conflicto tienen sus raíces en el sistema colonial que manipuló las diferencias entre grupos para someterlos. Sin embargo, la desestabilización reciente es consecuencia de la guerra que sostuvo Gaddafi en Argelia, los grupos tuareg tienen conexiones fuertes con la red internacional de Al-Qaeda, que va incitando disturbios por todo el mundo árabe y norte africano.

En los debates de la ONU, se decidió enviar las tropas francesas a Mali por las conexiones históricas entre ambos países, se podría decir que se siente que hay una responsabilidad de Francia por su papel en el poco desarrollo en esa región. Otros piensan que es una nueva forma imperialismo, dada la historia difícil en esa región, que no tiene derecho de intervenir pues podría terminar en una situación desastrosa, como la de Estados Unidos en Irak.

Los opositores reclaman que el problema es netamente africano, y por lo tanto debe ser la responsabilidad de los países africanos, especialmente los países afectados por el conflicto. El problema con ese argumento es que los países de la región también tambalean, no tienen la capacidad para controlar la situación, especialmente porque ellos también comparten los riesgos derivados de conflictos religiosos y étnicos incitados por la presencia de Al Qaeda.

La Comunidad de Estados de África Occidental (ECOWAS) anunció el jueves que los estados de Nigeria, Níger, Ghana, Senegal, Togo, Benin, Chad y Burkina Faso van a movilizar 3,300 tropas hacia Mali la próxima semana. El problema histórico de las intervenciones de ECOWAS es que estos países no tienen los recursos para mantener un combate sostenido, por ello necesitan la ayuda de la comunidad internacional, a pesar de sus argumentos regionalistas.

En conclusión, se necesitan acciones de ayuda con rapidez. La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) estima unos 700,000 refugiados como resultado de esta crisis, y ya han salido reportajes del uso de niños soldados, amputaciones disciplinarias y de la violencia extrema. Si se no toma el control, una nueva crisis humanitaria estallará.

* La Asociación Civil Politai agradece a la historiadora Helen Morris (Universidad de Yale) por publicar su comentario en este medio. La Asociación no comparte necesariamente las opiniones de la autora.

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