Opinión

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Entrevista a Elizabeth Jelin: ¿De qué hablamos cuando hablamos de memoria?
Estelí Vela y Diego Uchuypoma
23 de noviembre de 2012.

Elizabeth Jelin es Doctora en Sociología por la Universidad de Texas, es investigadora superior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), con sede en el Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) en Argentina. Sus temas de estudio han sido las memorias de la represión política, los movimientos sociales, ciudadanía y derechos humanos. Ha sido miembro del directorio del Instituto de Investigaciones de las Naciones Unidas para el Desarollo Social (UNRISD), de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo de Naciones Unidas (UNESCO) y del Directorio Académico del Wissenschaftskolleg zu Berlin.

Entre sus libros más destacados se encuentra Los Trabajos de la Memoria (2002), reeditado este año por el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), como propuesta e iniciativa de Carlos Iván Degregori, tal como lo comenta la autora en el texto. En este se desarrollan tres temas o ejes fundamentales. El primero tiene que ver con analizar los procesos de memoria y las políticas de memoria cómo una forma de reconocimiento simbólico de la víctima, el riesgo de abordar las políticas de memoria como algo ritualizado y  caer en un “abuso de memoria”, simplificándola en la victimización, sin tener en cuenta una perspectiva más amplia para abordarlas. En segundo lugar, analiza la construcción de la memoria como procesos intersubjetivos, lo que denomina la “lucha por la memoria”, en la cual distintas propuestas interactúan en una lucha por la construcción de una verdad en base a relaciones de poder y hegemonía. Un tercer punto es el de la atemporalidad de la memoria, el pasado lejano se hace cercano y los conflictos de otras décadas se hacen recientes o se mantienen, lo que lleva a analizar a las memorias ancladas en experiencias materiales y simbólicas, en marcos institucionales.

En esta entrevista Jelin plantea la necesidad de repensar la relación entre la memoria y la institucionalidad democrática, además de plantear algunas pautas metodológicas para enfocar el análisis de los procesos de memoria en perspectiva comparada. Finalmente, comenta cómo desde la perspectiva de los estudios de la memoria se podrían analizar procesos coyunturales.

¿Cuáles serían los mayores alcances o limitaciones que ha tenido el campo de estudios sobre memorias en nuestra región, en particular?


No estoy tan convencida de que podamos hablar de un campo de estudios sobre memorias o si es bueno o malo que haya un campo de estudios sobre memorias, creo que hay investigaciones que no había, o con distintos abordajes. Esto que comenzó como una preocupación por cómo las sociedades o los grupos humanos interpretan el pasado, que de eso se trata cuando hablamos de memoria, también se está extendiendo a otros campos que no son las violencias políticas recientes, digo que pueden ser violencias políticas anteriores y otras cosas. Entonces, cuando estamos hablando de memoria, ¿estamos hablando de violencias políticas de dictaduras de la década de los setentas o estamos hablando de la incorporación de las memorias como concepto de las ciencias sociales? Entonces creo que sí, es nuevo el campo en la medida en que se lo tematiza o se hacen preguntas acerca de cómo las sociedades interpretan este pasado. Eso es lo nuevo.

Para mi es importante que la noción de memorias salga del campo específico de las violencias políticas y se vaya ampliando. Al mismo tiempo hay un peligro muy grande que tiene que ver con quedar ligado solo a las demandas sociales o más que eso, a un imperativo que hay en muchos lugares sobre que “hay que recordar”. Lo que muchos autores, y hay un debate filosófico sobre ese tema, sobre si hay un “deber de memoria”. No estoy de acuerdo con eso, sobre si hay un “deber de memoria” o “hay que recordar”, sobre si eso es bueno en sí. Lo que hago es investigar como la gente recuerda, como se olvida, como se sentencia, como se silencia. De ahí a decir que es bueno que haya mucha memoria o malo que haya poca, no me animo a hacer ese tipo de juicio moral sobre las memorias.

En el texto “Los trabajos de la memoria”, usted señala que hay una necesidad de vincular estos estudios con una dimensión institucional, que incluso termina siendo parte de estos estudios. En ese sentido, ¿cuál es la relación que podríamos hacer entre políticas de memoria y construcción de una democracia?

Lo que digo es que la dimensión institucional es parte del campo de estudios de memoria. No me interesa solamente mirar una película, como producto cultural, o un monumento. Una ley es tan parte de los estudios de memoria, como un testimonio o la construcción de un monumento. Entonces, no quiero dejar la dimensión institucional separada. Cuando uno entra con un enfoque institucional puede mirar la institucionalidad de las políticas públicas ligadas a temas de memoria en relación a otras políticas públicas. Ahí entra en un debate, sobre si vamos a tener un Estado que incorpora una dimensión fuerte de DDHH. Entonces, esa dimensión fuerte de DDHH significa reconocer derechos de los pueblos originarios, por ejemplo, que muchas veces no se piensa como DDHH, pero esos también son DDHH.

Ahora bien, no creo que cuando se habla de institucionalidad democrática el eje sea la memoria, el eje debe estar en lo democrático, que incluye tratar los crímenes del pasado, pero tratando solo los crímenes del pasado no vamos a construir una democracia. El tratamiento de los conflictos del pasado reciente es parte del tratamiento institucional de los conflictos. Nuevamente, el tratamiento de estos pasados no se agota, vamos mal si se agota ahí el tratamiento de las demandas sociales. El énfasis de quedarse en ese pasado, sin vincular lo que teníamos antes con lo que vino después, creo que eso es lo que sería un abuso de memoria, que se encierra en sí mismo y es muy particular.


¿Cómo podríamos analizar estas narrativas predominantes, su proceso de construcción, como actores políticos, con estrategias, recursos y contextos particulares?

Bueno, como cualquier análisis de coyuntura, mirar como es el escenario, quienes definen los parámetros, que quieren, con que discursos o silencios, con qué negociaciones. Las metodologías de análisis sobre los escenarios políticos se pueden aplicar para analizar los escenarios de luchas por las memorias. Esas son las herramientas que tenemos desde las ciencias sociales. Me parece que si quiero dar algún principio metodológico que pueda servir, en primer lugar sería que se trata de estudios de largo tiempo, longitudinales, no son fotografías de un solo tiempo, el momento hay que insertarlo en una duración. En segundo lugar, que no hay actores aislados, siempre son escenarios en los que hay procesos e interacciones entre actores. Esta perspectiva de análisis por la vía del actor. Pero hay otras, tratando de mezclar agencia y estructura. Se debe tratar de describir y analizar un escenario político, qué hubiera pasado si o qué podría pasar si,  con hipótesis de escenarios alternativos.

¿Esto tendría que ver además, con fenómenos como el MOVADEF, en la actual coyuntura peruana?

No vengo siguiendo el caso del MOVADEF, no se cuan estructurado está o no, pero creo que sí se viene construyendo un escenario. Creo que analizar el caso peruano tiene una dificultad. El análisis debe tomar en cuenta que los paradigmas sobre los cuales se juzga al otro son muy absolutistas, está muy polarizado. Parecería que no hay posibilidad de escenarios de reconciliación o negociación. Queda la sensación de que no hay ningún reconocimiento de los actores. Es parte de lo que vi ayer, un periodista entrevistando a la gente de MOVADEF en Buenos Aires y entonces uno ve que no hay ningún reconocimiento.


En esta coyuntura también tenemos un pedido de indulto para un ex presidente, cómo analizar este proceso en perspectiva comparada…

Por eso digo que no se puede estudiar un solo momento, son procesos históricos que no se cierran. En Argentina el presidente Menem indultó. Hubo un momento al comienzo de los años noventa en que hubo indultos y tuvimos un proceso similar. Hubo una sensación de que el pasado ya era historia, se cerró y nada más, cinco años después todo cambió. Entonces, se vuelven a abrir las cuestiones. La Corte Suprema decretó la inconstitucionalidad de las leyes de audiencias finales y hubo un montón de procesos por los cuales están todos los juicios abiertos nuevamente. Por eso el temor de que no se puede estudiar un momento, es importante pensar en la memoria como procesos sociales y políticos.

Finalmente, ¿Cuál es el rol que ocupa el Estado para construir un cierto tipo de memoria colectiva?

El Estado siempre construye memoria. No se puede hablar de un solo Estado, porque también hay divergencias dentro del Estado, por ejemplo las Fuerzas Armadas son parte de él y construyen su narrativa del pasado distinta a la de un ministro del interior o de un embajador. El Estado no es un monolito. Hay una tendencia de hacer una versión oficial que intenta ser hegemónica, de que haya un acuerdo social o consenso, entonces qué fechas se van a conmemorar, qué monumentos se van a construir, a qué actos va a ir el presidente, qué va a decir, todo eso es parte de una narrativa estatal. Me parece que debe tener muchas contradicciones internas, no creo que esta estructura sea tan unificada.

* La Asociación Civil Politai agradece a Estelí Vela y Diego Uchuypoma (PUCP) por publicar su entrevista en este medio. 

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