Opinión

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El mundo mágico de Disney en el Palacio del Sol
Farid Kahhat Kahatt
06 de agosto de 2012.

Presumo que un término del título requiere explicación: el “Palacio del Sol” solía ser la sede de gobierno en la República Popular Democrática de Corea (mejor conocida como Corea del Norte). Hoy es un mausoleo dedicado al “Amado Líder”, uno de los títulos oficiales del fundador de esa república, Kim Il Sung. Este a su vez era abuelo de Kim Jong Un, el líder actual de Corea del Norte.

Que Kim Jong Un montara un espectáculo saturado con íconos de la cultura popular estadounidense no sólo fue algo sin precedentes, sino que además fue políticamente incorrecto bajo los dogmas oficiales del régimen que preside: Walt Disney fue un soplón del Comité de Actividades Antiamericanas, presidido por Joseph McCarthy (de cuyo apellido deriva la expresión “macartismo”). Frank Sinatra era políticamente conservador, y tuvo vínculos ostensibles con la mafia estadounidense. Y la cuarta entrega de la saga sobre el boxeador Rocky Balboa (personaje encarnado por Sylvester Stallone), está dedicada a la paliza que este propina en Moscú a la esperanza soviética (un hercúleo autómata, producto de la tecnología de punta del sistema comunista).

Por lo demás el único lugar sobre la faz de la tierra en donde un espectáculo de esa índole podía interpretarse como un gesto político, era precisamente la hereditaria república norcoreana. Días después esa presunción se vería confirmada por el relevo como jefe del ejército del general Ri Yong Ho (quien tuvo a bien enfermar súbitamente para evitar explicaciones sobre su remoción del cargo), y la ascensión del propio Kim Jong Un a la condición de Mariscal, el más alto cargo en el escalafón militar norcoreano.

Además de cambiar buena parte del alto mando militar, Kim Jon Un ha comenzado a reducir el control omnímodo que las fuerzas armadas ejercían sobre la economía del país. Pareciera que, al igual que el régimen cubano, buscaría de manera tímida y tentativa emular los ejemplos de China y Vietnam: es decir, construir una economía con algún grado de injerencia de la propiedad privada y el mercado, mientras se preserva un régimen político de partido único. Cabría recordar sin embargo que en China y Vietnam ese curso de acción llevó eventualmente a un mayor grado de institucionalización del propio partido único, incluyendo el proceso de selección de sus líderes. El equivalente en Cuba o Corea sería que apellidar Castro o Kim deje de ser requisito para conducir el partido y el Estado.

* La Asociación Civil Politai agradece a Farid Kahhat (Universidad de Texas en Austin) por publicar su comentario en este medio. El artículo fue publicado originalmente en el diario El Comercio. La Asociación no comparte necesariamente las opiniones del autor.

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