Opinión

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Estados Unidos y Cuba 53 años después
Erick Mormontoy
28 de diciembre de 2014

La normalización de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba efectuada el pasado miércoles 17 de diciembre es quizá uno de los acontecimientos más importantes de la última década, no solo por las implicancias que esta vaya a tener en la relación bilateral de ambos países luego de cincuenta y tres años de tensiones y conflictos; sino que es con esta acción que finalmente se va cerrando uno de los últimos capítulos de la Guerra Fría en la región, cuyo fin ocurrió hace ya un cuarto de siglo con la caída del muro de Berlín [1].

La comunicación entre ambos líderes políticos vuelve a darse, de manera oficial, desde 1961 [2].  Cabe recordar que para entonces el régimen castrista ya tenía dos años de instaurado en el poder luego del triunfo de la revolución cubana. Asimismo, el surgimiento del nuevo régimen se dio en medio de un escenario global bipolar debido al enfrentamiento de los bloques estadounidense y soviético por la hegemonía mundial.

La elección cubana de apoyarse en el bloque soviético fue una decisión basada no solo en las posibilidades de supervivencia del régimen sino también por la gran afinidad ideológica de muchos de los grupos que integraban el gobierno. Por otro lado, esta decisión también se derivó  del hostil y desconfiado comportamiento que tuvo Estados Unidos hacia el gobierno cubano. Episodios como el apoyo al intento de invasión de la Bahía de Cochinos terminaron por forzar la proclama de Castro sobre el carácter socialista, marxista-leninista del régimen que a partir de 1960 [2] terminó de abrir un nuevo frente de conflicto durante los periodos más tensos de la Guerra Fría, a partir del cual se inició también el embargo comercial a Cuba por parte de Estados Unidos.

Por otro lado, aunque podría calificarse como un “reestablecimiento” de las relaciones diplomáticas entre ambos países, interrumpidas el 3 de febrero de 1961, la comunicación nunca se llegó a cortar de manera definitiva. Pues a los largo de estas cinco décadas tuvieron lugar diversos episodios caracterizados por la tensión y el conflicto. Frente a ello puede sumarse algunos antecedentes importantes [2] como la creación de la sección de intereses en el año 1977 que permitió al entonces presidente Jimmy Carter resolver cuestiones bilaterales con el gobierno cubano. Y en el año 2009, con el levantamiento de las restricciones a los viajes y envíos de remesas impulsado por el presidente Barack Obama, durante su primer período de gobierno.

Otro punto a tomar en cuenta es que la conversación telefónica sostenida entre Barack Obama y Raúl Castro, la cual además de ser la primera que se realizó de manera oficial desde el rompimiento de las relaciones, estuvo antecedida por una serie de negociaciones que duraron alrededor de un año y que se han saldado con el intercambio de prisioneros. Cabe mencionar que en esta negociación se tuvo la intervención del papa Francisco I en calidad de mediador.

Si partimos de la premisa de que la política exterior de un país es una política pública cuyo ámbito de aplicación es el contexto internacional [3], se puede ir entendiendo que la normalización de las relaciones de ambos países ha sido producto de lo que en la literatura académica se conoce como “proceso de toma de decisiones” (PTD) [4], en el cual no solo intervienen diversos actores que buscan influir en el resultado final, sino también este proceso recibe estímulos tanto internos como externos que afectan su desarrollo [5].

En esta lógica, el PTD en cada gobierno se habría visto influenciado, en mayor o menor medida, por la retroalimentación de la situación interna que atraviesan así como del actual contexto internacional. Es así que no se podría hablar de una iniciativa aislada de una de las partes en este acontecimiento, sino que, por el contrario el hecho de que las negociaciones hayan prosperado ha sido un indicador de la voluntad de ambos gobiernos de buscar la normalización de las relaciones diplomáticas luego de décadas de tensión.

Para el gobierno de Barack Obama, que atraviesa un segundo período, ha resultado muy trabajoso el haber llegado a este punto. Debido al esquema propio de una democracia como la estadounidense en donde, además de la figura del presidente, existen otros actores como el Congreso que tienen un peso considerable en el PTD, lo cual en la mayoría de casos hace más lento el accionar en política exterior. La decisión del gobierno de mantener el cambio con el que fue reelegido el 2012, [6] ha logrado importantes objetivos en el Medio Oriente con el retiro de las tropas de Afganistán, la ejecución de Osama bin Laden y la caída del régimen dictatorial de Muamar El Gadafi en Libia. Este respaldo recibido se contrasta con los serios obstáculos que ha enfrentado el gobierno en su intento de relajar la tensión con el régimen de Castro, incluyendo además decisiones como la de cerrar Centro de Detenciones de Guantánamo.

La intensión de Obama al insistir en el cambio de estrategia hacia el gobierno cubano se apoya en calificar como un fracaso el prologando embargo económico ejercido sobre la isla, que tuvo todo este tiempo como principal objetivo asfixiar al régimen castrista [7]. Aunque habría que aclarar que la decisión de levantar dicho embargo no solo trasciende las atribuciones de Barack Obama como jefe de Estado, sino que se enfrenta a la férrea oposición del Congreso que luego de las recientes elecciones cuenta con una mayoría del partido republicano.

Por el lado cubano, a pesar del cambio de líder, la estructura del régimen ha mantenido su verticalidad debido a determinadas características como roles jerarquizados y control sobre los principales actores de peso (partido único y fuerzas armadas), lo cual le ha permitido al régimen del ahora líder Raúl Castro atravesar por procesos decisionales mucho más restringidos y adaptables [8] que aún cuentan con la atenta participación de su hermano Fidel, a pesar de su alejamiento del poder en el 2008.

Cabe agregar que el enfrentamiento contra la potencia estadounidense fue por muchos años la principal herramienta de legitimación del régimen, pero la normalización de las relaciones diplomáticas podría representar una nueva etapa de cambios a los que ya se podrían ir sumando los iniciados años atrás con las reformas en el recorte en los subsidios, la reducción de la burocracia estatal y el permitir mayores concesiones en la propiedad.

Es innegable que la normalización de las relaciones de ambos países luego de tanto tiempo marca un punto de inflexión que ya ha empezado a tener repercusiones que ya se han hecho notar en la región latinoamericana evidenciando las fracturas de los bloques existentes. Ello se ilustra con las reticencias mostradas por Venezuela y Bolivia frente al embargo económico en la última reunión de la Organización de los Estados Americanos.

Finalmente, aunque resulta una verdadera incógnita saber cómo se desarrollará la relación entre ambos países en el futuro cercano, las circunstancias del actual escenario bilateral hacen pensar que existen los incentivos necesarios para iniciar una etapa de mayor acercamiento y diálogo. Más aún si se toma en cuenta la oportunidad que representan los posibles beneficios para el gobierno cubano como alternativa frente al menguante apoyo, principalmente económico, de Venezuela y del bloque del ALBA luego de la muerte de Hugo Chávez. Por el lado estadounidense, el cambio de estrategia que busca aplicar nuevos mecanismos que generen posibles cambios en el régimen cubano, también le brinda la oportunidad de poder cerrar un frente de conflicto latente que se mantuvo vigente durante décadas. Aun así, la posibilidad de que se trunque esta iniciativa es una opción que no se debe descartar, principalmente debido al enorme peso del liderazgo político que aún ejerce Fidel Castro en el régimen cubano [9] que podría llevar todo a foja cero en tanto la apertura de relaciones bilaterales comience a amenazar la vigencia del régimen dictatorial en la isla.

 

[1] “Nueva era entre dos históricos adversarios”. Diario El PAÍS. 17 de diciembre de 2014. http://internacional.elpais.com/internacional/2014/12/17/actualidad/1418825186_663350.html

[2] “Cronología: 55 años de conflicto entre Estados Unidos y Cuba”. Diario El PAÍS. 17 de diciembre de 2014. http://internacional.elpais.com/internacional/2014/12/17/actualidad/1418828794_080923.html 

[3] Allison, G. 1988. La esencia de la decisión. Análisis explicativo de la crisis de los mísiles en Cuba. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano.

[4] Parker, C. 2004. “Sobre política exterior iniciando el siglo XXP”. Revista de sociología. N° 18-2004. Facultad de Ciencias Sociales - Universidad de Chile, pp. 149-157.

[5] Van Klaveren, A. 1992. “Entendiendo las políticas exteriores latinoamericanas: modelo para armar”. En Muñoz, H. Tulchin, J. Latin America in World Politics. Boulder, Colón: Westview Press, 2da ed.

[6] Méndez, M. 2012. ¿Poder Inteligente? La doctrina Obama y Guantánamo. Heredia, C.R.: R.I. IDELA.

[7] Obama, Barack. 2014.  Discurso oficial [videograbación]. Estados Unidos. Madrid: El PAIS http://elpais.com/elpais/2014/12/17/videos/1418826800_583586.html

[8] Lasagna, M. “Cambio Institucional y Política Exterior: un modelo explicativo”. Afers Internacionals. Fundación CIDOP, número 32: 45-64.

[9] INTERNACIA, 2014. Entrevista del 19 de diciembre a Luis Popa.

*La Asociación Civil POLITAI agradece a Erick Mormontoy, Licenciado en Ciencia Política y Gobierno por la Pontificia Universidad Católica del Perú e Investigador del Grupo de Investigación de Política Exterior Peruana (GIPEP), por publicar su comentario en este medio. La Asociación no comparte necesariamente las opiniones del autor.

 

 

 

 

 

 

   

 

 

 
 
 
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