Opinión

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La salud (física y política) de Chávez
Farid Kahhat Kahatt
18 de junio de 2012.

Es evidente que las especulaciones sobre el estado de salud del presidente Hugo Chávez se deben a la opacidad con que su gobierno maneja el tema. A más de un año de conocerse que padecía de cáncer, aún no se conoce el parte médico elaborado por los doctores que lo trataron. Y la información oficial es cuando menos parcial, así que, en ausencia de información suficiente y fidedigna sobre el órgano afectado, la gravedad de la dolencia o la prognosis y tratamiento del paciente, no es de extrañar que se alcen al vuelo todo tipo de rumores. Los más lúgubres le auguran a Chávez una expectativa de vida de tan solo dos meses. Y ello dicho por Dan Rather, un periodista serio y habitualmente bien informado.

Pero los augurios sobre el tiempo de vida que le restaría a Chávez podrían darle pronto la oportunidad de decir, como Mark Twain, “Los rumores sobre mi muerte han sido enormemente exagerados”. Sino que lo diga Andrés Oppenheimer, autor de un libro intitulado “La Hora Final de Castro. La historia secreta detrás de la inminente caída del comunismo en Cuba”. Por si se lo está preguntando, el libro no se refiere al gobierno de Raúl Castro o a la situación actual de Cuba: se refería a Fidel Castro y a la situación de Cuba en 1993, año en que fue publicado. Así que, como diría Will Rogers, siempre es riesgoso hacer predicciones, sobre todo respecto al futuro.

Dado que no sabemos con certeza cuál es el estado de salud de Hugo Chávez, ¿qué podemos inferir sobre el mismo a partir de su conducta política? Algunas de sus decisiones parecen tener como propósito disipar las dudas sobre su capacidad para ejercer un nuevo mandato presidencial. Por ejemplo, restando importancia al debate sobre su eventual sucesor, al anunciar que tendría que buscar un nuevo vicepresidente, ya que había decidido que el actual (Elías Jaua), sea candidato a gobernador del Estado de Miranda. Lo mismo hizo al postular a otro candidato a la sucesión (el canciller Nicolás Maduro), a la gobernación de Carabobo. Con lo cual pretende sugerir que, a diferencia de opositores y agoreros, a él el asunto de la sucesión no le quita el sueño.

Pero claro, eso es lo que desearía que crean opositores y agoreros incluso en la eventualidad de que padeciera una enfermedad terminal. Más relevante por ello es el mero hecho de que haya inscrito su candidatura presidencial, cosa que no tendría mucho sentido si creyera que va a morir antes de las elecciones. Lo cual deja abiertas dos posibilidades: o bien Chávez cree que podrá ejercer un nuevo mandato, o bien cree que no podrá hacerlo, pero sabe además por las encuestas que ninguno de sus adláteres tiene una probabilidad de triunfo cercana a la suya. En cuyo caso le bastaría con asegurar la victoria electoral, para luego definir el tema de la sucesión sin que ello ponga en riesgo la continuidad del régimen.

* La Asociación Civil Politai agradece a Farid Kahhat (Universidad de Texas en Austin) por publicar su comentario en este medio. El artículo fue publicado originalmente en el diario El Comercio. La Asociación no comparte necesariamente las opiniones del autor.

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