Opinión

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Bolivia Post-Referéndum: ¿Comienza la era pos Evo Morales?
Alejandro Mejía
26 de febrero de 2016

En 1519, ante el fallecimiento de Maximiliano I como Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (SIRG), la corona imperial quedó vacante y el sucesor natural era su nieto Carlos I, Rey de las Españas. Sin embargo, tal título era también pretendido por el Rey de Francia, Francisco I, enemigo declarado de Carlos I. Ante esto, el Rey de España decidió viajar a Flandes y se topó con una realidad adversa: los príncipes alemanes electores, liderados por Federico III de Sajonia, se mostraban contrarios a ungirlo como sucesor de su abuelo. Por tanto, mantuvieron una férrea oposición, que buscaba no darle tanto poder a Carlos I. Ante ello, el Rey de las Españas, recurrió a sobornos y el uso de la fuerza (el mismo día de la elección en Aquisgrán), para lograr los votos a su favor. Luego de este suceso, logró coronarse como Rey de Romanos y, luego de unos días, como Emperador del SIRG. Dos objetivos claros tuvo Carlos I como gobernante: monopolizar el poder y mantener el liderazgo político en Europa, como defensor de la cristiandad.

¿Qué semejanzas tiene ese suceso en la historia con la consulta popular del domingo 21 de febrero en Bolivia? Diversas. Al igual que en el SIRG, con los príncipes electores opositores a Carlos I, en Bolivia se configuró una oposición política “coyuntural”, poniéndole límites al poder que pretendía ostentar Evo Morales hasta el 2025. Hago referencia a lo coyuntural, puesto que desde las elecciones presidenciales del 2014, la oposición boliviana se mantienen en un proceso de continua fragmentación, que se hizo evidente antes del Referéndum, donde las banderas de un proyecto alternativo al MAS, estuvieron totalmente ausentes. Entonces, ¿cómo explicar el triunfo del NO? Dos puntos clave son importantes: en primer lugar, una oposición política y joven, pero a través de las redes sociales, y sobre todo, a nivel urbano, donde los escándalos de corrupción (Fondo Indígena, tráfico de influencias del propio Presidente, entre otros), se masificaron en las redes, donde lo urbano comienza a tener una perspectiva más crítica hacia el gobierno de Morales. Esto lleva a lo segundo: la importancia del voto urbano, ahora más que el voto rural, donde muy aparte de renacer las brechas “campo - ciudad”, este sector urbano y nueva clase media es joven, aspirante y con una mayor consciencia política y de valores democráticos, y que en ningún momento estuvo ligada a la oposición al SI que manifestaban los partidos políticos tradicionales.

Ahora, al igual que Carlos I de España logró por todos los medios ostentar el título imperial del SIRG y liderar Europa bajo el cristianismo, Evo Morales intentó lo mismo con el Referéndum del 21 de Febrero: ser el Presidente con el mayor gobierno democrático en la Historia de Bolivia (ya en Enero pasado, superó el mito de Santa Cruz), así como mantener el liderazgo político de la izquierda latinoamericana y progresista, que ya ha comenzado a decaer en otros vecinos de la región. Dos lecturas importantes existen aquí. Por un lado, quizá la decisión de ir tan pronto a una consulta ciudadana, sobre todo luego de haber tenido casi un proceso electoral por año desde el 2014 (Elecciones Presidenciales 2014 y Elecciones Municipales 2015), generan cierto agotamiento en la ciudadanía, así como se tuvo poca consciencia de los resultados de las Elecciones Municipales de 2015, donde las alcaldías de las principales urbes bolivianas (La Paz, El Alto, Santa Cruz), recayeron en líderes de oposición. Ante ello, el equipo de asesores de Morales asumieron el casi 60% de respaldo popular en las elecciones del 2014 como una coyuntura perfecta para realizar el Referéndum, lo que desde una perspectiva personal, debió realizarse en el 2018 o 2019, respectivamente, ya que el liderazgo de Evo Morales tiene una fortaleza inquebrantable: la no existencia de un líder de oposición ni de un proyecto de país alternativo al del MAS. La oposición en Bolivia dedica más el tiempo en críticas hacia la figura de Morales, que a diseñar y generar debate sobre una nueva agenda de país para Bolivia.

Siguiendo lo anterior, Morales estuvo tentado por liderar los gobiernos progresistas de América Latina desde Bolivia, ya que el escenario en los próximos años se muestra complicado: la ascensión de Macri en Argentina y las divisiones internas dentro del kirchnerismo, no avizoran rumbos alentadores; la crisis económica en Ecuador, donde la decisión de Rafael Correa de no ir a la reelección el 2017 ya está tomada; Nicolás Maduro viviendo la declive del chavismo y Venezuela en medio de una crisis alimentaria y económica; y, finalmente, Cuba, que con su acercamiento hacia EE.UU y la pronta visita de Barack Obama a la isla, generará otros escenarios nada favorables para la ola progresista en América Latina. Por tanto, ante este escenario, las tendencias se muestran favorables a Evo Morales, que fortalecido con un manejo macroeconómico prudente a diferencia de otros países progresistas de la región (una economía dirigida por los llamados “Chuquiago Boys” de Evo Morales) [1] , es el único abanderado que demuestra que si se puede gobernar desde la izquierda, con un desarrollo económico liberal y de respeto a la inversión privada directa. Sin embargo, luego del resultado de la consulta ciudadana del 21 de Febrero, no hace más que repensar su posicionamiento como líder del eje progresista, sobre todo, ante acusaciones de que el proyecto original del MAS del 2006, en la actualidad, se ha desviado de sus bases de respeto a los derechos indígenas y los derechos constitucionales, amparados en la normatividad de la Nueva Constitución Política del 2009. Tiene algo a su favor: aún le quedan cuatro años de gobierno y es tiempo suficiente para repensar una estrategia.

Un punto que se ha puesto es cuestión es que, al igual que Carlos I recurrió a sobornos y el uso de la fuerza para ceñirse la corona imperial, las acusaciones de un “fraude” y de “boletas marcadas a favor del SI”, circulaban no solo en las redes sociales, sino también entre los sectores urbanos de Bolivia. Bajo esta premisa, no hay dejar exiguo el argumento de que, Bolivia es un país con mayoría rural, donde contabilizar el voto (zonas alejadas de la urbe), se hace complicado, sobre todo, donde la polémica giraba en torno a que se fraguaba un fraude desde los votos en el área rural. La espera de casi tres días, dieron la razón a las encuestadoras que revelaron resultados a boca de urna: el Tribunal Supremo Electoral declaraba el triunfo del NO con 51,3%, frente al 48,7% del SI. Si bien la polarización es evidente, con lo que el MAS se ve fortalecido con un “voto duro”, las acusaciones de un supuesto fraude se iban diluyendo. ¿Por qué Morales y la maquinaria política del MAS no recurriría a alterar los resultados? Dos cosas fundamentales: Primero, el MAS nació bajo luchas por una mayor democratización frente al monopolio de la cosa pública por parte de los partidos tradicionales. Su mayor logro con el ascenso de Morales al poder fue la Constitución Política del 2009, donde se refundan las bases del Estado boliviano y se configura el Estado Plurinacional, bajo esta nueva concepción del Estado de derecho, y en la que el respeto a la Constitución y la democracia, es la piedra angular por la cual Morales y el MAS se mantienen en el poder. Llevan varios procesos electorales a cuestas y se ha respetado cada uno de ellos, incluso el de ahora, con resultados adversos para el oficialismo.

Segundo, el respeto por las reglas de la democracia se hizo evidente por parte del oficialismo, que constructivamente, luego de los resultados oficiales, ha manifestado autocríticas y se han comprometido a terminar su mandato hasta el 2020. Evo Morales señaló sus deseos de regresar al Chapare, pero el cuestionamiento mayor es quién podrá sucederlo en la dirigencia del MAS. Crear nuevos liderazgos no es cosa sencilla para líderes tan personalistas como Evo Morales, pero es una labor fundamental, mirando el proceso electoral del 2020. La dispersión de líderes dentro del MAS hacia otros frentes políticos que se encuentran actualmente en la oposición, fueron la mayor esperanza del partido de gobierno en su momento. Por tanto, el espectro político hacia el 2020, se ve complicado para ambos sectores, tanto oficialismo como oposición, porque se evidencian pocas tendencias favorables a construir nuevos liderazgos que permitan la continuidad del modelo implementado bajo la Carta Magna del 2009.

Si bien Evo Morales intentó monopolizar, por vías constitucionales, el poder en Bolivia a través de la consulta popular del 21 de febrero pasado, los escenarios mirando al futuro pueden ser distintos. Bajo derecho a la consulta, se podría llevar a cabo otro proceso de referéndum en el 2018 o 2019, conforme lo medite el oficialismo como una medida viable. Es pura estrategia: evaluar los momentos políticos, el crecimiento económico y la configuración de la oposición. No hay que dejar de lado la premisa que, ante la ausencia de liderazgos, la ciudadanía reclamará al líder con mayor respaldo popular. Por otro lado, esta coyuntura política deja enseñanzas notables de la ciudadanía boliviana por el respeto a la democracia, las instituciones y los organismos electorales independientes, que en un corto tiempo bajo el Estado Plurinacional, demuestran fortalezas a tomar en cuenta. Evo Morales, el MAS, los líderes opositores y demás actores quedan de lado ante esta consulta ciudadana: el triunfo es de la libertad de los bolivianos por elegir los destinos de su país rumbo al Bicentenario, tal como lo hicieron en el referéndum del 2004, cuando decidieron recuperar los hidrocarburos para el Estado Boliviano. 

[1] “Un decenio con los “Chuquiago boys de Evo Morales”. Diario “EL PAÍS”. 21 de febrero de 2016. http://economia.elpais.com/economia/2016/02/17/actualidad/1455726992_323297.html

*La Asociación Civil POLITAI agradece a Alejandro Mejía, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales Ecuador, por publicar su comentario en este medio. La Asociación no comparte necesariamente las opiniones del autor.

 

 

 

 

   

 

 

 
 
 
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