Opinión

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¿Quiénes deciden la aprobación de normas y políticas como la ley pulpin? Tecnócratas y CONFIEP, Nadine y la marcha pulpin
Pablo Roca
16 de enero de 2015

Pensemos en que tenemos que contratar a un grupo de profesionales para una de las tareas más desafiantes y complicadas, para enfrentar un reto urgente, una necesidad impostergable: gobernar el país implementando las mejores políticas para tener mejores condiciones de vida, para poder garantizar mejor los derechos de todos y todas, y para que todos tengamos las oportunidades de desarrollar capacidades que nos permitan realizarnos individual y colectivamente. ¿Qué elementos tomaríamos en cuenta para tan difícil selección? ¿Bajo qué criterios escogeríamos y contrataríamos a este grupo de profesionales?

A mi juicio, se debería partir de las competencias o destrezas necesarias para el cargo. En general, siempre será útil cierta expertise producto de la formación académica y/o la especialización y experiencia en el ambito profesional. Asimismo, el ingrediente de la ética y compromiso con el desarrollo inclusivo y equitativo del país debe ser considerado. Esto que parece ser algo que naturalmente exigiríamos en nuestros representantes aparece como un déficit. Junto al déficit de representación, me refiero a la crisis y la desconexión entre representantes y representados, hay un déficit de profesionalización de los políticos. Los tomadores de decisiones se preocupan por hacer a los jóvenes atractivos para los empleadores, lo cual está bien, pero deberían preocuparse también por hacerse ellos mismos más atractivos para los electores y realizar mejores gestiones. 

Tenemos un gobierno con políticos amateurs o novatos tanto en el ejecutivo como en el legislativo. A ello se suman los tecnócratas que se incorporan a ocupar puestos como tomadores de decisiones de política pública. La diferencia entre los primeros y lo segundo es el grado de expertise, background profesional y académico. El factor común a ambos es su falta de experiencia haciendo política. Tenemos hacedores de política con poca o nula experiencia o trayectoria política. Políticas sin políticos que sepan construir una defensa política de las mismas y dotarlas de la legitimidad necesaria para su aprobación e implementación puede ser una combinación peligrosa para la democracia. 

Un gobierno de políticos pulpines, tanto en Palacio como en el Congreso, junto a una tecnocracia pulpín aprobó recientemente la famosa ley pulpín. Se puede discutir mucho, y de eso me parece bien que se venga haciendo, los efectos positivos o nocivos que puede tener la ley, así como atacarla o defenderla con argumentos más o menos informados. Pero un punto que aparece como evidente es que la reacción en la ciudadanía, mayoritariamente de los jóvenes, por ser los principales afectados por la norma, pudo ser distinta si el proceso político de aprobación de la norma hubiese sido distinto.

El tener tomadores de decisiones y hacedores de políticas que no tengan la experiencia, formación y trayectoria política suficiente para ser denominados políticos profesionales o políticos de carrera tiene efectos nocivos para la calidad de la democracia y de las políticas. No convencen, no tranzan, no negocian, no ganan legitimidad y respaldo para darle sostenibilidad a las políticas que aprueban e implementan.  Podemos discutir mucho si la ley logrará o no su cometido pero lo cierto es que se ha extendido la opinión generalizada de que es una ley construida de espaldas a los jóvenes, a los gremios sindicales y a los que serían afectados. Tampoco parece haber sido determinante la opinión del Ministerio de Trabajo en el tema. 

La Ciencia Política trata, entre otros temas, sobre el poder. ¿Quién gobierna y quién toma las decisiones sobre política pública más relevantes? son cuestiones que uno se pregunta como académico y como ciudadano. Hay diferentes hipótesis y perspectivas que vale la pena explorar. Un reciente número de Politai aborda el tema de la tecnocracia en nuestro país y Eduardo Dargent ha terminado su libro Technocracy and Democracy in Latin America, editado por la Cambridge University Press, de lectura obligatoria. Cuatro carteras están actualmente en manos de personas que han pasado por centros de investigación prestigiosos: Economía, Producción, Transporte y Educación. La primera Ministra del MIDIS estuvo años en el IEP antes de llegar a liderar esa cartera. Hay razones para creer que los tecnócratas sino gobiernan al menos influyen en la toma de decisiones. 

Durand y otros autores, desde hipótesis como la captura del Estado, sostienen que muchas decisiones en materia de política económica se toman en sintonía y consultando con lobistas de la CONIFEP o de la Sociedad Nacional de Industrias. Ahora está también la de Hidrocarburos. No todos pues llegan a influir de la misma forma en el MEF. El lobby de la CONFIEP no es similar a los gritos del pulpín que marcha en las calles. Hay razones para creer que los grupos económicos o grupos de poder influyen. ¿Cuánto y cómo? Hay que estudiar e investigar para poder responder. 

Por último, el tema del parentesco ha sido una cuestión central en el desarrollo de gobiernos medievales. Los lazos sanguíneos o familiares, así como las uniones matrimoniales, son aspectos claves para comprender los procesos políticos [1]. Se ha comentado que Nadine es una de las principales defensoras de la ley aprobada. Es también la Presidenta del Partido Nacionalista. Nos guste o no, Nadine parece ser una de las mujeres con mayor poder político en el país. ¿Cuánto y cómo ejerce su influencia? Es otro aspecto que habría que investigar más [2].  

No soy un experto en el autor, pero Foucault quizás cuestionaría todo esto diciendo que el poder no se posee, sino que se ejerce y que en realidad más que actores con poderes hay que estudiar relaciones de poder en un entramado social complejo. Coincido. No centremos la mirada exclusivamente en los actores. Veamos el panorama completo. El tablero de ajedrez con todas sus fichas, con las jugadas realizadas y también otras variables como el territorio, la historia y el momento, las capacidades institucionales, los incentivos, entre otros. Un análisis multinivel y multivariado parece más apropiado cuando tocamos asuntos complejos. 

Termino con un último deseo: luego de varias marchas deberíamos pensar cómo pasar de la manifestación a una acción más organizada y sostenible en el tiempo. No solo una marcha pulpín, sino una organización pulpín que a través de incidencia gestione los intereses que los jóvenes no ven representados en los congresistas. Hay pulpínes, mucho por hacer, un país por construir.

[1] En series o películas se encuentran referencias a este tema. Por ejemplo, en Juegos de Tronos se ilustra cómo las relaciones familiares y entre familias configuran las relaciones de poder.

[2] Yo hice una ponencia en el Coloquio de Antropología en el que abordé brevemente el tema y es en realidad un asunto muy comentado pero muy poco estudiado con la seriedad académica que merece un tema tan atractivo.

* La Asociación Civil POLITAI agradece a  Pablo Roca (Pontificia Universidad Católica del Perú) por publicar su comentario en este medio. La Asociación no comparte necesariamente las opiniones del autor.

 

 

 

 

 

   

 

 

 
 
 
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