Opinión

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¿De la desconfianza mutua al pragmatismo?: las relaciones Perú - Bolivia
Alejandro Mejía Tarazona
14 de Noviembre de 2016

         

A pocos días de haberse llevado a cabo el II Gabinete Binacional entre Perú y Bolivia en la ciudad de Sucre, considero necesario una nueva lectura de hacia dónde van las relaciones bilaterales entre ambos países. En un contexto regional, donde el progresismo latinoamericano viene perdiendo liderazgo a nivel internacional frente al retorno de gobiernos más conservadores, da lugar un cambio sustancial en las iniciativas integracionistas, donde a grandes rasgos, viene imponiéndose un mayor pragmatismo por encima de aspectos ideológicos. Precisamente, en este plano de las ideas, desde las relaciones internacionales, Vidarte aborda la complicada relación entre Perú y Bolivia, donde recurriendo a herramientas teóricas del constructivismo, esboza la hipótesis que la difícil relación entre ambos países andinos, respondería a la existencia de ideas, tanto a nivel de la macroestructura y microestructura, que lleva al Perú a considerar a Bolivia como un socio menor, debido a una serie de percepciones históricas [1]

Si bien una reflexión teórica desde el constructivismo es un aporte novedoso para entender la política exterior peruana frente al país altiplánico, frente a los últimos sucesos en la relación bilateral y, teniendo como trasfondo el escenario post Diferendo Marítimo con Chile y la actual Demanda Marítima de Bolivia con su vecino del sur, podemos plantear la siguiente interrogante: ¿Es posible un mayor pragmatismo en el camino para superar la difícil relación Perú – Bolivia? Si bien se considera que hasta hace unos años, la existencia de una desconfianza mutua entre ambos países, siendo más la reticencias desde el Perú [2], los recientes hechos protocolares, con la decisión de llevar a cabo Gabinetes Binacionales, cuyo origen se remonta a la COP20 realizada en Lima, dan luces de nuevos mecanismos de integración entre ambos países, superando la desconfianza mutua de los últimos años, frente a objetivos comunes, dando prioridad en un primer nivel, a innovar en ciertos problemas domésticos que involucran a ambos países, como la seguridad fronteriza, medio ambiente y combate al narcotráfico.

Cuando hacemos referencia a la existencia de una desconfianza mutua previo a los sucesos actuales, vamos un poco más allá de las ideas, enfocándonos en las relaciones entre Perú y Bolivia desde la década pasada, donde ese distanciamiento, respondió a un fenómeno regional: esa pugna entre los gobiernos del “eje bolivariano” y gobiernos “conservadores”. Las relaciones entre ambos países, ejemplo de esa confrontación ideológica, sobre todo, cuando el Perú, luego de la transición democrática y la firma del TLC con Estados Unidos, se alineó a una posición neutral en la región. Empero, en el caso de Bolivia, con la llegada de Morales al poder el 2006 y su alineamiento con el progresismo en la región, generó fricciones, no solo con el gobierno de Alejandro Toledo [3], sino también con el de Alan García [4], donde el deterioro de las relaciones fue progresivo y que tuvo un tibio avance con la reunión bilateral entre García y Morales, en las costas de Ilo, impulsando viejos acuerdos, entre los que destacó “Boliviamar”.

Con la llegada de un gobierno “anti-sistema” en el Perú, Ollanta Humala, distanciándose del eje bolivariano, apeló en una vista a La Paz, a viejos clichés como el de “reunificar a ambas naciones” y la “Confederación Perú – Boliviana”. Todo quedó en ello, en nostalgias por el pasado, que devino en una relación con altos y bajos, entre el 2011 y el 2016. Si bien Humala sentó las bases para los Gabinetes Binacionales Perú – Bolivia es, tal vez, el único acierto durante casi quince años de gobiernos democráticos en Perú.

Ahora, con este II Gabinete Binacional se viene logrando una mayor institucionalización de las relaciones bilaterales; sin embargo, este nuevo pragmatismo en política exterior, ¿a qué intereses responde? Roberto Miranda, en un artículo sobre la política exterior de Menem, analiza los bordes del pragmatismo, donde pone en contraposición lo que entendemos por “realismo” y “pragmatismo”, en un debate teórico, determina que el realismo es lo que está dado en la realidad y que el pragmatismo es un método para abordar esa realidad [5]. Si bien Miranda polemiza con la perspectiva del realismo periférico de Carlos Escudé, donde el argumento es que los países periféricos deben evitar confrontación alguna con las potencias, a costa de traer consigo costos sociales y económicos. En el caso de Bolivia, si bien tuvo una confrontación directa con Estados Unidos en los últimos años, siendo un caso opuesto a la tesis del realismo – periférico, casi irracional en palabras de Escudé, en los últimos años, el realismo en política exterior se ha implementado en torno los intereses de la nación en dos objetivos concretos: la salida al mar con soberanía y su mayor inserción hacia el Asía – Pacífico. Por ello, Morales recurrió a un mayor pragmatismo en su relación con sus vecinos, entre ellos Perú.

Primero, dejó atrás el factor ideológico, siendo primordial el acceso a nuevos mercados, ante la contracción de la economía brasileña y argentina. Frente a esto, el Perú es pieza fundamental para su inserción al mercado asiático y un ejemplo de ello es la reciente suscripción de un acuerdo para que Bolivia acceda a la red de fibra óptica en el Pacífico, hecho que mejorará notablemente las telecomunicaciones y otros sectores estratégicos. Segundo, con respecto a la agenda de la Demanda Marítima, Morales ha sido pragmático en buscar aliados en la región y que más que el país que tiene la llave para una hipotética salida al mar por Arica: Perú. Con una política agresiva de aislar a Chile, apelando al problema de mediterraneidad de Bolivia, el apoyo de Perú a la causa marítima, suma esfuerzos importantes. Tercero, China es la meta del gobierno boliviano. Con la propuesta del tren bioceánico, si bien puede favorecer más a Brasil y Perú, Bolivia también podrá exportar a través de este megaproyecto, siendo una vía alterna frente al enclaustramiento del país andino.

Si bien el “giro realista” en la política exterior de Morales desde el 2006 ha configurado sus relaciones con sus vecinos, con Perú lo importante era superar esa desconfianza mutua y encontrar intereses en común. En primer lugar, el clima de una mayor disposición de los gobernantes de turno, tanto Humala en sus últimos meses de gobierno y PPK en los más recientes, mantienen la senda de diálogo, suceso no visto desde el acuerdo entre Fujimori y Paz Zamora, otorgándole una “Zona Franca” a Bolivia en Ilo. En segundo lugar, tanto Perú como Bolivia tienen como prioridad una mayor inserción hacia los mercados del primer mundo que, ante el debilitamiento de la Unión Europea y la lenta recuperación de Estados Unidos, deben virar sus intereses hacia el mercado asiático. En tercer lugar, China como potencia, a diferencia de Estados Unidos, no tiene una agenda política como herramienta de su política exterior, sino prioriza el mayor acceso a las fuentes de recursos naturales en Sudamérica. La búsqueda de financiamiento chino para el megaproyecto del “Tren Bioceánico” por parte de los equipos técnicos de Perú y Bolivia denota un solo objetivo: un mercado de más de 1.000 millones de consumidores.

A modo de conclusión, pensar en nuevas dinámicas en las relaciones Perú – Bolivia tal vez es un ejercicio apresurado; sin embargo, es necesario que, si bien la política exterior de un país es determinada por la agenda del gobierno de turno, hay indicios de un cambio en política exterior, siendo mayor en Bolivia, donde este pragmatismo en sus relaciones con el Perú tiene dos virtudes: voluntad y acción. Voluntad de superar la desconfianza mutua, basado en las discrepancias ideológicas de los gobiernos de turno y, por otro lado, acción, para tender los puentes de diálogo para implementar los Gabinetes Binacionales Perú – Bolivia, así como una mayor interrelación en torno a intereses comunes que permitirán el acceso de Bolivia al Asia – Pacífico en el corto plazo. Frente a estos avances a nivel bilateral en la relación peruano – boliviana, puede que estas acciones pragmáticas por parte del gobierno boliviano, signifiquen un punto de inflexión, donde planteamos, a priori, para el caso de Bolivia, que el abandono progresivo de lo ideológico en la configuración de la relación bilateral, deviene en un “giro pragmático”, solo si existe voluntad y acciones concretas por parte del Estado que busca maximizar sus intereses estratégicos.

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Referencias

[1] El artículo se titula “La difícil relación peruano – boliviana: un análisis desde las ideas” de Óscar Vidarte. Si bien el constructivismo permite un análisis desde las ideas y se centra más en la visión desde el Perú, sería interesante una visión desde Bolivia, en torno la mayor preocupación de la diplomacia boliviana durante las últimas décadas: la posición del Perú con respecto una salida soberana al mar. http://revistas.pucp.edu.pe/index.php/cienciapolitica/article/view/11897/12466

[2] Los gobiernos de Toledo y García, tuvieron una voluntad limitada por entablar diálogos con el gobierno boliviano, siendo el factor detonante de la desconfianza mutua: la victoria de Evo Morales en Bolivia el 2006.

[3] “Evo Morales llama traidor a Toledo y agudiza la división de países andinos”. “La República”. 24 de abril de 2006. http://larepublica.pe/24-04-2006/evo-morales-llama-traidor-toledo-y-agudiza-la-division-de-paises-andinos

[4] “Alan García a Evo Morales: Metete en tu país y no te metas en el mío”. “El País”. 02 de julio de 2008. http://internacional.elpais.com/internacional/2008/07/02/actualidad/1214949601_850215.html

[5] Miranda, Rodolfo. 1994. “Los bordes del pragmatismo: la política exterior de Menem”. Relaciones Internacionales N°7. http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/10150

 

Descripción del autor: Becario en la Maestría de Políticas Públicas - FLACSO Ecuador, licenciado en Ciencia Política y Gobierno - PUCP. Investigador asociado en el Instituto de Estudios Políticos Andinos (IEPA) y miembro honorario de la Asociación Civil "Internacia".  

**La Asociación Civil POLITAI agradece a Alejandro Mejía Tarazona por publicar su artículo en este medio. La Asociación no comparte necesariamente las opiniones del autor.

 

 

 
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