Opinión

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House of Cards: cuando Macchiavello se encuentra con Hollywood
Arturo Maldonado
26 de octubre de 2014

House of Cards (HoC) es una serie estupenda que ha marcado un hito en la producción audiovisual al ser la primera serie en no ser difundida en televisión, sino a través del servicio de streaming de Netflix, directamente a los suscriptores, todos los capítulos de las temporadas a la vez. El televidente ahora tiene manejo de los tiempos, ya no está sujeto a la roñosería de las cadenas que limitan el consumo de su serie preferida a 45 minutos a la semana más publicidad. Como muchos, me imagino, me vi la primera y segunda temporada en sesiones de 3 o 4 horas casi diarias, y tuve la oportunidad de revisitarla luego a un ritmo parecido.

Esas largas sesiones hacen que uno aprecie esta serie de una manera diferente a como lo haría con una serie de emisión semanal. Te puedes enganchar con más facilidad, claro siempre que el argumento sea bueno, y puedes apreciar mejor el drama y las intrigas viendo la serie en grandes bloques. Ese ritmo de visualización favoreció el borronear algunas ideas acerca de qué nos está presentando HoC, desde mi propia especialidad que es la ciencia política. Quiero aquí plantear tres puntos en esta exposición: uno es la imagen del poder que se ofrece en HoC; el otro es la relación entre los representados y los representantes en esta serie y finalmente la visión de los ciudadanos en la serie.

Salvo el poder todo es ilusión

 A Francis Underwood, el líder de la facción democrática en el congreso, lo engañan y le bloquean el acceso a una posición de poder. El reciente presidente electo anuncia a otra persona para el puesto de Secretario de Estado y relega a Underwood a continuar su trabajo en el congreso como coordinador de la mayoría democrática. Esta traición es el combustible de la venganza de Underwood; una venganza que se trata de buscar una posición de más poder: aspira a ser candidato a la vicepresidencia de la mano de la misma persona que lo engaño. Mientras finge colaborar desinteresadamente con el presidente en una ley de reforma educativa, en realidad avanza sus propios planes y ambiciones; mueve sus fichas para desterrar al actual vicepresidente, el candidato natural para la reelección, a intentar el puesto de gobernador y regresar a la política local, lejos de Washington, mientras él se ubica en una posición estratégica para ser el candidato perfecto a ese puesto. Los amigos hacen los peores enemigos, dice Underwood en un capítulo. En otro capítulo dice que la política es como los bienes raíces: todo depende de la ubicación, mientras más cerca se está del centro, mayor es el valor de la propiedad. Él se ha ubicado en la posición ideal para revalorar su capital político y ascender en la burocracia del poder.

Una teoría importante en ciencia política propone que la principal motivación de los políticos es sobrevivir, es decir reelegirse y permanecer en la posición de poder a la que han accedido. Sobre esta premisa se deduce el comportamiento político de estos representantes: a quiénes apoyan, qué leyes impulsan y que leyes petardean, con quiénes se alían y a quiénes declarar sus enemigos políticos. HoC con su hiper maquiavelismo [1] podría agregar un corolario a esta premisa: una vez que tienen el poder y que lo aseguran, los representantes buscan acceder a puestos de mayor poder. Es decir, una vez que la sobrevivencia está garantizada, el siguiente paso es la evolución.

Aquí no hay ideales, no hay sentido del deber; tanto la ciencia política como esta serie trabajan principalmente sobre la base de políticos pragmáticos e interesados, que buscan no el bien público sino su propio bienestar, así el bien general queda supeditado a un segundo plano, sino eliminado de la política. Sin embargo, hay una gran diferencia: la ciencia política busca entender el comportamiento de los políticos sobre la base de estas premisas; los medios de comunicación buscan audiencia e indirectamente difunden este modelo de comportamiento a los ciudadanos. El riesgo es que los ciudadanos confundan realidad con ficción y asuman que este es el modelo de comportamiento de algunos políticos, o peor, de todos los políticos. ¿Qué conclusiones sacarían los ciudadanos al ver a sus “políticos” comportarse de acuerdo a intereses propios y no de acuerdo al bien de la sociedad? ¿Se incrementará la alienación de la política? ¿Se volverá la opinión pública (más) cínica?

Más aún, la busca del poder de parte de Urderwood no se restringe a su ámbito laboral, se trata de toda una vida dedicada a acumular poder. Él no quiere acumular dinero, aunque lo ha hecho. Refiriéndose a otro personaje se lamenta que un talento de la política haya escogido hacer dinero en lugar de acumular poder. Dice que el dinero se trata de comprar una mansión que luego en 10 años se caerá a pedazos, mientras que el poder es una piedra firme que perdura por los siglos de los siglos. En su búsqueda de esta trascendencia arrastra a su esposa, colaboradores, y amantes. Los lazos maritales, amicales y extramatrimoniales están supeditados a que sean afines a la búsqueda de poder. La relación con su esposa tiene este carácter. La esposa, Claire Underwood, lleva adelante una organización de caridad, pero que en la trastienda tiene como objetivo apalancar los lazos que permitan a Underwood lograr sus fines. Francis dice que la ama más que lo que los tiburones aman la sangre, pero en realidad él ama que ella ame su obsesión con el poder. Nunca un matrimonio fue más una sociedad de gananciales.

La relación con su amante, la bloguera y periodista Zoe Barnes, también tiene que ver con su agenda de poder. Ellos llevan una relación de mutuo interés en la primera temporada, un quid pro quo. Ella le da acceso encubierto a los medios y él le da información fresca. Accesoriamente tienen una vinculación sexual, no la llamaremos relación. En una ocasión Underwood parafrasea a Oscar Wilde y dice que todo en el mundo es acerca de sexo, excepto el sexo. El sexo es acerca del poder. Y eso es efectivamente lo que establece con Zoe Barnes, una relación de poder. Él es el tutor de una chica ávida por conocer el mundo subterráneo del poder; establece una relación vertical de autoridad; casi una relación perversa de padre a hija. El perfil de Francis Underwood se delinea en cada una de las esferas de su vida: todo está supeditado a su objetivo final de acumular poder. El supuesto de la ciencia política es llevado al extremo en la serie. La ciencia política lo usa para predecir el comportamiento político; la serie usa la premisa para perfilar un comportamiento de vida.

Sin embargo, la ciencia política no es una disciplina exacta y determinista. Lo que busca son patrones de comportamiento, tendencias generales. En HoC, Underwood encarnaría casi a un tipo ideal de representante, aquel que calzaría perfectamente con la teoría, aquel que se mueve de acuerdo al cálculo de costos y beneficios para maximizar su utilidad, que es el poder mismo. En la realidad los representantes no se acercan tanto a este ideal. De hecho, el interés propio es uno de los principales motores de su comportamiento, pero no el único. Se sabe que otro motor importante de los políticos americanos, sobre todo de los que han acumulado una gran cuota de poder, es su legado; cómo van a ser vistos por la historia. Siguiendo esa motivación, estos políticos podrían incluso actuar no pensando en su interés cortoplacista o de medio plazo, sino fijándose en un largo plazo, en la big picture. Underwood da algunos pasos en este sentido. Por ejemplo, financia la construcción de una biblioteca en su antigua escuela militar. Sin embargo, el verdadero legado no es un edificio en una escuela de élite, sino tener el poder para desde ahí impulsar una idea por la que ser recordado.

Incluso cuando calculan los beneficios y costos de sus acciones, los políticos suelen manejarse con información incompleta en escenarios complejos, que hace que sus acciones siempre tengan un margen de aleatoriedad e incertidumbre. En HoC, Underwood es pintado como un calculador casi infalible. Los fallos en sus cálculos hacen los momentos más dramáticos de la serie: cuando falla al calcular que iba a ser nombrado Secretario de Estado al inicio de la serie, y cuando falla al calcular que el presidente quiere que entreviste a un empresario para el puesto de vicepresidente, cuando él era el real candidato, al final de la primera temporada. En la vida real los políticos toman sus decisiones con información e intuición. El llamado olfato político es muy importante en la toma de decisiones; en HoC el olfato político existe pero el argumento lo racionaliza una serie de decisiones con ponderación de alternativas y conclusión sobre la base de costos y beneficios. HoC pinta el ajedrez político como un manual de movimientos de un libro de estrategias, dejando de lado la intuición del ajedrecista.

El drama de la representación

En la ciencia política existen dos visiones acerca de lo que significa representar. De un lado, tenemos la representación descriptiva que se basa en la idea de qué tanto los representantes se parecen a los representados. En esta posición los representantes serán buenos si tienen los mismos intereses que los representados o comparten las mismas experiencias. De otro lado, tenemos la representación sustantiva que se basa en la actividad de los representantes, en las acciones tomadas en nombre de los representados. Aquí un buen representante será aquel que avance las políticas públicas que sirvan a los intereses de sus representados. Es decir, de un lado tenemos a un representante que es evaluado por los medios, que propone y avanza en legislación que es afín a sus representados, incluso cuando está en el fondo no es en su mejor interés: es un representante que sigue lo que dice la opinión pública. De otro lado tenemos a un representante que es evaluado por los fines, que propone legislación que supuestamente beneficia a sus representados, incluso si estos están en contra: es un representante que lidera la opinión pública.

En HoC tenemos un personaje que enfrenta este dilema de representación: Peter Russo. En los primeros capítulos de la primera temporada, Russo es presionado y extorsionado para votar a favor del cierre de un astillero en el pueblo de donde es representante. Underwood lo extorsiona para que vote de esta manera sino serían expuestas sus andanzas con la droga y con prostitutas. Underwood necesita que se cierre este puerto para que la empresa que subrepticiamente lo auspicia, pueda operar tranquilamente. Este cierre implica la pérdida de muchos puestos de trabajo de la gente que votó por él. Es decir, Russo falla en ser un representante descriptivo y sufre porque él mismo se considera uno más de ese pueblo. Russo vota en contra de la opinión pública de sus votantes para que no sean revelados sus secretos; se intuye que en el fondo no quiere perder poder o su reputación, y con el objetivo de guardar sus secretos sacrifica su identidad. Ya no representa a su pueblo.

Buscando venganza, Russo quiere golpear a Underwood, pero lo que hace es ponerse en una posición vulnerable frente al gran tiburón político. Underwood no lo despedaza, guarda este peón para una ocasión en que sea de utilidad, y esta situación llega cuando necesita a alguien que postule al puesto de gobernador, pero con el objetivo de que sea tan vulnerable que pueda destruirlo a pocas semanas de la elección y poner en riesgo este puesto vital en el ajedrez de la política nacional. El partido Demócrata no puede permitirse perder ese puesto tan importante. Underwood convence a Russo que postule y convence también a los miembros de su partido que Russo es una buena opción, a pesar de su pasado de drogas, alcohol y prostitutas. Para resarcir el daño que hizo a sus votantes, el equipo de Underwood diseña un proyecto que involucra puestos de trabajo en su ciudad natal. A Russo lo convencen que este proyecto es bueno para los intereses de su pueblo, se compra el discurso y va a enfrentar a su pueblo: tiene que liderar la opinión pública.

Cuando Russo enfrenta al sindicato del astillero y les propone el nuevo proyecto está actuando como un representante sustantivo. Los (ex) trabajadores del astillero están furiosos y lo único que quieren es la restitución de sus puestos de trabajo en el astillero, es decir volver al status quo anterior. Russo no les ofrece lo que quieren escuchar, sino un nuevo proyecto, les ofrece una incertidumbre. Trata de liderar su opinión y convencerlos que este proyecto, y por tanto su candidatura, son su única opción. Les dice que ellos lo han elegido para representarlos, pero que no pudo evitar lo inevitable. El astillero iba a ser cerrado de todas maneras. Les lanza la cruda verdad, les dice: “yo soy todo lo que tienen. Nadie en Washington da un carajo por ustedes. Nadie”.

Underwood también es un representante, pero en realidad no lo es. Él está más allá de esas preocupaciones. Él haría suya la frase de Maquiavelo que dice que aquel que construye a partir de la gente, construye sobre barro. En un capítulo Underwood tiene que regresar a Carolina del Sur para atender un problema en su distrito, esto lo incomoda pues está en medio de una negociación con el sindicato de maestros para impulsar la nueva ley de educación. Cuando regresa a su distrito hace los gestos estrictamente necesarios para que el problema no afecte su imagen y regresa apenas puede. A Underwood no le interesa lo que piensa la opinión pública, tampoco le interesa liderarla. Lo que le interesa sí es la opinión de los grupos de interés que están detrás de sus proyectos. En su mundo, los lobbies tienen más influencia que los votantes; es el poder del dinero que sirve para financiar una campaña y para lograr los votos necesarios.

Es decir, en el universo de HoC tenemos representantes que están en conflicto acerca de cómo representar a sus votantes y están aquellos que ya han asumido que lo que importa no son los votos sino los lobbies y su dinero para hacer campaña y conseguir estos votos, es decir aquellos que están más allá de los arquetipos de representación que plantea la teoría en ciencia política.

República de ficción sin ciudadanos

Finalmente, quiero plantear la imagen de política que se dibuja en HoC. Se trata de una política de élites, aquí los votantes importan poco. Solo se los oye por un rato cuando hay algún problema, pero en el día a día de la política están enmudecidos. Los políticos no se enfrentan con ciudadanos, sino con una ciudadanía corporativa. Cuando Underwood trata el tema de la educación, aparece el sindicato de profesores. Cuando Russo enfrenta su destino en su distrito, se enfrenta al sindicato de astilleros. Underwood depende y se enfrenta a los lobbies en el congreso. Sin embargo, los sindicatos, aquí y allá, ya no son los de antes. La reforma de educación es votada favorablemente a pesar de la huelga de los profesores. El astillero es desechado a pesar de la oposición del sindicato que depende de él. Es decir, en HoC no aparecen ciudadanos, éstos ya han desaparecido de la política, y aparecen grupos corporativos pero debilitados. Los que tienen más influencia son los lobbies. Es una influencia solapada, pero real. No necesitan votos, no necesitan huelgas, solo necesitan el poder del dinero con el que los políticos financian sus campañas, para acceder e influir en las decisiones legislativas.

HoC entonces plantea una república sin ciudadanos, la política pública se decide en los trasfondos del poder del dinero; los votos y la protesta en la calle son espacios de otros tiempos; no deciden nada. Es significativa la escena donde la pareja Underwood celebra un evento benéfico con los señorones de Washington y afuera se encuentra el sindicato de profesores protestando. La escena cierra con la pareja Underwood ofreciendo comida (en realidad, las sobras) a los que protestan, aquellos aceptan el ofrecimiento a pesar de las arengas en contra del dirigente, y finalmente la protesta se dispersa.

De un lado tenemos un sindicato debilitado que tiene que recurrir a una portátil para protestar. Estas personas prefieren finalmente un plato de barbecue a seguir protestando. De otro lado tenemos políticos que dan una imagen de que cree que solo es necesario un plato de comida para acallar una manifestación. Tenemos políticos clientelistas lidiando con corporaciones débiles, y cero ciudadanos.

En suma, Underwood es un personaje guiado por sus propios intereses, que se resumen en la búsqueda de poder. Para lograr este objetivo, recurre al dinero de los lobbies, manipula a otros políticos, es clientelista cuando lo requiere, y hace el mínimo esfuerzo por acercarse a sus votantes. Es un nuevo animal político el que se muestra en la pantalla, más carnívoro, más depredador. ¿Cómo reacciona el público cuando vea en pantalla un político así? ¿Asumirá que es ficción o realidad? ¿Si asume que refleja una realidad, qué efectos tendrá en su percepción acerca del mundo de la política? No es casualidad que el congreso, aquí y allá, sea una de las instituciones más desprestigiadas del mundo.

[1] Underwood menciona en un capítulo que a veces hay que hacer el mal por un bien mayor.

*La Asociación Civil POLITAI agradece a Arturo Maldonado (Pontificia Universidad Católica del Perú) por publicar su comentario en este medio. La Asociación no comparte necesariamente las opiniones del autor.

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 

 

 
 
 
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