Opinión

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La antipolítica de los jóvenes
Paolo Sosa Villagarcía
24 de abril de 2012.

Pero un día pasé por la placa conmemorativa para Sophie Scholl, en la calle Franz Josef, y vi que había nacido el mismo año que yo y que la habían ejecutado el mismo año en que yo empecé a trabajar para Hitler. En ese momento realmente sentí que ser joven no era una excusa, que habría podido saber cosas.

- Traudl Junge


El año pasado, el Instituto de Estudios Peruanos inició la publicación de una colección de “Obras escogidas” del desaparecido antropólogo Carlos Iván Degregori. La colección se inició con la publicación de “Qué difícil es ser Dios. El Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso y el conflicto armado interno en el Perú: 1980 – 1999” y continuó en febrero de este año con la re-edición de “La década de la antipolítica. Auge y huída de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos” que apareció por primera vez en el año 2000.

Estas publicaciones no han pasado desapercibidas para los científicos sociales, debido básicamente a que las obras de Degregori son y seguirán siendo un referente; ya sea para ratificar, complementar o criticar sus contenidos y conclusiones. Sin embargo, más allá de los cursos de realidad social peruana de algunas universidades, estos textos no son del todo difundidos o, en el peor de los casos, ni siquiera conocidos. Ni entre adultos, ni entre jóvenes. No es una investigación científica, pero hice el intento de preguntar a varios coetáneos (fuera de las facultades de ciencias sociales) si habían oído de alguno estos textos: nada. Si sabían quién fue Carlos Iván Degregori, menos. ¿Leerlos? Bueno, ya saben la respuesta.

Las elecciones del año pasado, el Movadef y Sendero Luminoso, los veinte años del 5 de abril, etc. Todos esos temas nos dejaron una “gran” reflexión: Los jóvenes peruanos no saben ni quieren saber nada de la historia de su país y mucho menos de política. Pero no es la primera vez que escuchamos ese padrenuestro. Los jóvenes siempre serán un tema importante para las ciencias sociales y la historia. En algunos momentos por la renovación que significan para la sociedad y la política, y en otros por su ausencia, conformismo y el desencanto por la política. En algún momento como “los jóvenes al poder y los viejos a la tumba”, y en otro como “solo los viejos saben de historia y la política a los jóvenes les importa un comino”.

Las raíces de este desinterés en realidad trascienden a la “juventud” si tenemos en cuenta que los “jóvenes” que iniciaron este desencanto masivo por estos temas (1) ya no son jóvenes sino adultos. No sólo los más jóvenes son los que transitan sin rumbo por la vida política de este país, sino también un porcentaje de adultos. Sin embargo, la televisión y sus ingeniosas entrevistas al paso se encargan de confirmar esa idea. Un domingo en horario estelar, los noticieros más sintonizados muestran a un muchacho, la foto de Velasco Alvarado y éste diciendo que se trata de Adolf Hitler.
 

Esas reflexiones son simplistas. Como he comprobado, quizás sea cierto, pero esa ignorancia no es propiedad única de los jóvenes. De hecho, durante muchos años he tenido la suerte de conocer jóvenes de mi edad con ideas y reflexiones muy interesantes. Y no solo, como versa el cliché, en los jardines de la Católica. Ser joven no tiene, no puede ser sinónimo de ignorancia. Ser joven tiene que volver a ser sinónimo de crítica y reflexión. Empezando por leer estos libros reflexivamente. Es cierto que ese ideal se desvanece cuando encontramos que en provincias muy pocas librerías llevan estas ediciones, y que las bibliotecas municipales o de las universidades de provincia son paupérrimas en sus títulos, así como desactualizadas. Pero, aún así, más allá de los textos y la educación formal, la juventud debe abrirse paso de a pocos, abrirse paso a para llegar al pensamiento crítico y al cuestionamiento de algunas verdades.


¿Cómo entender la masiva participación de jóvenes en diversos momentos de la campaña electoral del año pasado? Más allá de los “trolls”, los jóvenes demostraron su compromiso político desde diferentes trincheras. No todos los que apoyaban a PPK eran “ppkausas apitucados” ni todos los que apoyaban a Keiko eran “fujiratas amorales”, así como no todos los que apoyaron a Ollanta eran “jóvenes resentidos e ignorantes”. Los jóvenes jugaron un rol importante, ya sea como seguidores del PPKuy o como activistas del 26M. Pero eso, claro, no es importante para los medios.

Fuerza y compromiso existe, lo único que necesitamos es más reflexión. Estamos a puertas del bicentenario, nuestra generación será la generación que encare el bicentenario del Perú como república. ¿Estamos preparados? ¿Cuánto nos falta? Si no somos capaces de reflexionar seriamente sobre los episodios más cruentos de nuestra historia reciente como el sadismo terrorista de Sendero Luminoso y sus causas; y el autoritarismo plebiscitario de Alberto Fujimori estamos por un camino poco auspicioso. Si no reflexionamos al respecto le heredaremos a nuestros hijos el mismo escenario inestable, corrupto, violento y detestable que nosotros condenamos. Ser joven no es un adjetivo peyorativo, pero tampoco es excusa para no reflexionar y hacer.

* La Asociación Civil Politai agradece a Paolo Sosa (PUCP)  por publicar su comentario en este medio. La Asociación no comparte necesariamente las opiniones del autor. 

NOTAS

(1) Que pueden explicarse desde una tendencia mundial hasta el contexto sociopolítico crítico de los noventas y el ambiente autoritario de su formación.



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