Opinión

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Las izquierdas en la elección del 05 de octubre
Mauricio Zavaleta
13 de octubre de 2014

Es difícil describir el desempeño de la izquierda en las elecciones del pasado domingo. Diferentes candidatos y movimientos que podríamos clasificar, por trayectoria o discurso, como opciones de izquierda, compitieron por el control de los gobiernos regionales y locales con resultados dispares. En la semana transcurrida desde la votación, los observadores políticos centraron su atención en la derrota de Susana Villarán en Lima y el triunfo de Gregorio Santos en Cajamarca; sin embargo, es necesario analizar el resto de islas para ver el archipiélago en su conjunto.

La izquierda en el Perú, como una opción partidaria de alcance nacional, despareció a fines de los ochenta, incluso antes de la debacle del sistema en su conjunto. Con el retorno de la democracia el 2001, Alan García, Lourdes Flores y Valentín Paniagua reactivaron, aunque con evidentes limitaciones,  sus respectivos partidos, pero la izquierda no contaba con un liderazgo similar. Javier Diez Canseco, un político más parecido a Mauricio Mulder que a Alan García, no pudo convertirse en un candidato viable el 2006. Sin líder ni logo que posicionar, el electorado más disconforme con el modelo económico optó por un outsider sin partido.

Sin embargo, opciones de izquierda han competido en la arena subnacional desde el inicio del proceso de descentralización. Patria Roja, a través de diferentes membretes, ha ganado cuatro veces un gobierno regional (Madre de Dios, 2002; Pasco, 2006 y Cajamarca 2006, 2010), independientes con discursos críticos al modelo económico ganaron la presidencia regional en Puno el 2006 y Junín el 2010, mientras que liderazgos ubicados en la centro-izquierda fueron electos presidentes regionales en Arequipa (2006, 2010), Lambayeque (2002, 2006) Cajamarca (2006), Puno (2010) y San Martin (2006, 2010) a través de movimientos regionales. El Partido Nacionalista, antes de asumir el gobierno, ganó la presidencia regional del Cusco en 2010.

En las elecciones de 2014 al menos tres izquierdas compitieron por gobiernos subnacionales: el Frente Amplio por Justicia, Vida y Libertad, Patria Roja y un sector más centrista, donde podemos ubicar a Diálogo Vecinal en Lima, Nueva Amazonía en San Martín o Fuerza Social en Cajamarca. Candidaturas como las de Michael Martínez en Apurímac y Zenón Cuevas en Moquegua, aunque de izquierda, son más difíciles de clasificar.

El Frente Amplio solo ha mostrado su debilidad: perdió las nueve regiones y las cuarenta provincias donde participó. De hecho, su porcentaje de votos promedio al nivel regional fue de 1.2% y al nivel provincial de 2.7%. Solo en Cajamarca y Hualgayoc (donde no compitió el MAS) obtuvo una votación superior a los 10%. En Cusco, donde Tierra y Libertad participó como movimiento regional, Óscar Mollohuanca apenas superó el 5% a nivel regional, y aunque le fue mejor que al Frente Amplio en su conjunto (en promedio Tierra y Libertad obtuvo 9.3% en las provincias de Cusco) solo logró ganar uno de los ocho gobiernos provinciales donde presentó candidatos.  

Aunque con un desempeño electoral menos torpe, el sector de centro izquierda ha experimentado un importante retroceso. Fuerza Social en Cajamarca apenas pudo superar el 5% de los votos, mientras que sin César Villanueva como candidato Nueva Amazonía perdió el gobierno regional de San Martín (su candidato, Wilian Rios, obtuvo poco menos del 15%). En Puno, el movimiento AQUÍ tampoco fue capaz de conservar la presidencia regional a pesar de postular a Hugo Llano, líder gremial aimara, como candidato; y en Lima Metropolitana Susana Villarán fue superada por un amplio margen por el candidato ganador.

Sin duda, el mayor éxito electoral desde la izquierda fue la reelección de Gregorio Santos como presidente regional de Cajamarca. No obstante, los motivos que explican su triunfo son intrínsecos a la región y a una coyuntura específica. La decisión de Santos de liderar el conflicto en torno al proyecto Conga le permitió canalizar las demandas frente a veinte años de desavenencias entre la empresa Yanacocha y la población del sur del departamento. Hábilmente, Santos agregó una dimensión adicional al conflicto: la del gobierno regional contra el gobierno central, lo cual le permitió capitalizar votos en todas las provincias de una región fragmentada. En este contexto, su detención preventiva meses antes de las elecciones, aunque por motivos ajenos al conflicto, puede haber contribuido a la construcción de esta figura.  

El MAS en Cajamarca es una excepción en medio de un archipiélago de enanos electorales. No solo ganó la presidencia regional con holgura, sino que obtuvo cuatro municipalidades provinciales con un promedio de votación de 39% de los votos. Incluso en Piura (donde presentó candidatos en cuatro provincias) obtuvo el segundo puesto en Huancabamba [1],  con un importante porcentaje de apoyo. Es decir, el MAS fue capaz de convocar candidatos electoralmente viables, en lo cual el Frente Amplio fracasó de manera rotunda. En la arena subnacional, esta capacidad es parte central del negocio. Si el Frente tiene alguna vocación de continuidad, deberá invertir en localizar candidatos con posibilidades de ser electos y hacerse atractivo como etiqueta política.

La segunda ventaja del MAS está en su propia estructura. Las redes de Patria Roja se encuentran en casi todas los gremios de la sociedad civil cajamarquina. En una de las pocas regiones donde el sector rural es predominante, maestros agremiados y líderes ronderos son de vital importancia para orientar las acciones políticas de la población rural. Por su parte, el Frente Amplio cuenta con vínculos más tenues con la sociedad civil, principalmente a través ONGs medioambientalistas. Por ejemplo, Sergio Sánchez (el candidato que obtuvo los mejores resultados del Frente a nivel provincial) es un técnico de GRUFIDES. Ello no es muy distante a los movimientos de centro-izquierda, la mayoría de ellos articulados sobre la base de redes derivadas de la sociedad política existente previa a 1992.

Si las condiciones que explicar el éxito del MAS no parecen replicables, tampoco existen motivos para pensar que Gregorio Santos tiene posibilidad de convertirse en un candidato presidencial importante. Lo mismo que ha permitido incrementar su caudal electoral en Cajamarca lo aleja del centro necesario para jugar las ligas nacionales, peor aún si su imagen aparece asociada a eventos de violencia, la peor sombra de la izquierda peruana. Tampoco parecen auspiciosos los indicios de corrupción durante su administración regional.  

Para terminar, vale la pena destacar que la debilidad y fragmentación de la izquierda, reiterada en esta elección regional, contribuye a la debilidad del sistema político en su conjunto. Intuyo que una izquierda más fuerte y electoralmente viable puede neutralizar candidaturas que ya no reniegan del sistema, sino del propio Estado, como las de Walter Aduviri en Puno y Luis Otsuka en Madre de Dios. Por otra parte, el amplio espacio vacío en el lado izquierdo del espectro político, vacante desde el 2011, acrecienta la incertidumbre sobre las elecciones presidenciales del 2016. La pregunta central es quién podrá reclamarlo como suyo.

[1] El MAS participó como movimiento regional en Piura y San Martín. Con excepción de Huancabamba donde obtuvo el segundo lugar con 28.7% –zona del proyecto minero Rio Blanco con alta densidad de rondas campesinas– los resultados obtenidos fuera de Cajamarca han sido magros.

* La Asociación Civil Politai agradece a Mauricio Zavaleta (Pontificia Universidad Católica del Perú) por publicar su comentario en este medio. La Asociación no comparte necesariamente las opiniones del autor.

 

 

 

 

   

 

 

 
 
 
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