Opinión

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El intento de golpe de estado en Turquía, una profecía no autorrealizada 
Soledad Castillo
22 de julio de 2016

 

Los golpes de estado vienen siendo desde la antigüedad un medio común para acceder al poder fuera del procedimiento regular[1]. A lo largo de la historia han renovado líderes, desencadenado cambios de régimen y desatado famosas y crueles purgas. En el caso de Turquía, el fallido intento del viernes 15 de julio se suma a los cuatro golpes que el país ha experimentado durante su historia reciente (1960, 1971, 1980, 1997). Esta cifra, si bien no supera la de otros países asiáticos o la de algunos latinoamericanos[2], es preocupante para un estado miembro de la OTAN. ¿Por qué ocurre, entonces, dicha inestabilidad en Turquía? y ¿por qué fracasó el último intento mientras que los anteriores fueron exitosos?  

A grandes rasgos, los estudios sobre golpes de estado suelen enfocarse en tres puntos: los elementos que incentivan la organización de un golpe, los factores que explican su éxito y las consecuencias que el golpe genera. En esta oportunidad, nuestras preguntas sobre el caso turco corresponden a los dos primeros puntos, pues al tratarse de un hecho reciente las consecuencias son poco claras aún. La primera pregunta puede responderse mediante una mirada histórica apelando a que la competencia por el poder entre el islamismo y el secularismo, heredado este último del fundador Mustafa Kemal Atatürk, dificulta el desarrollo de un proceso democrático ordenado. Las fuerzas armadas, vinculadas tradicionalmente a la facción kemalista, aprovechan entonces el desorden para organizar golpes en nombre de la paz interna (Mokalla 2016).

La segunda pregunta requiere, en cambio, una mirada estratégica. Necesitamos encontrar acciones concretas que posibilitan o impiden el éxito de un intento de golpe. Para ello, examinamos esta cuestión desde la Teoría de Juegos. El libro de Singh (2014) resulta particularmente ilustrativo. El autor estudia golpes de estado ocurridos entre los años 1950 y 2000 desde el punto de vista de los militares y evalúa los incentivos que ellos pueden tener para participar en el golpe o, por el contrario, apoyar al gobierno. Su trabajo se basa en tres partes de la Teoría de Juegos, todas vinculadas a los juegos de coordinación. En primer lugar, emplea un modelo simple de interacción entre dos jugadores con preferencias distintas denominado batalla de los sexos[3] para enfatizar la importancia de la información acerca del otro jugador y las expectativas sobre su comportamiento en la toma de decisiones. El modelo, sin embargo, se limita a dos personas y no considera factores estructurales. Para complementarlo, usa los juegos globales, una clase que agrupa varios modelos de coordinación entre múltiples jugadores en situaciones en las que, por lo general, deben decidir si apoyar o no una acción contraria al statu quo que podría ser revertida si una cantidad considerable de personas eligiera oponérsele[4]. Finalmente, buscando que lo formal esté respaldado por evidencia empírica, el autor recurre a la teoría de juegos experimental, una rama que evalúa el comportamiento de personas reales frente a situaciones creadas a partir del contenido de los modelos.

Entre las conclusiones a las que llega luego de su estudio, rescatamos las siguientes para examinar el caso turco: 1) El éxito de los intentos de golpe de estado es más predecible que la ocurrencia de los mismos. 2) Una situación de golpe de estado se caracteriza sobre todo por la falta de información; por lo tanto, la clave para el éxito es manipular la información disponible de modo que oriente las expectativas de los demás a  favor del intento. 3) Quienes están en mejor posición para realizar esta tarea de configuración de expectativas son los militares de alto rango.

Confiando en el buen grado de predictibilidad de éxito de los intentos de golpe, podemos afirmar entonces que los conspiradores necesitan crear el efecto de la profecía autorrealizada. Por más extraño que esto pueda sonar, lo más importante para que un intento de golpe tenga éxito es que parezca que lo tiene o lo va a tener. Mediante la ocupación de los principales medios, un manifiesto convincente, la movilización a gran escala u otros recursos que tengan a su alcance, los militares golpistas deben dar la impresión de que han ganado el control, o por lo menos, de que su victoria es inminente. Con ello están enviando a sus pares militares el mensaje de que es mejor, por su propia seguridad y para evitar una guerra civil, unirse al bando vencedor y apoyar también el intento.  

En Turquía, la semana pasada, esto no ocurrió. Los organizadores del golpe capturaron al jefe del Estado Mayor, tomaron el puente del Bósforo y cuarteles en Ankara e incluso bombardearon el parlamento (Kingsley 2016; Temelkouran 2016) pero no lograron arrestar al presidente Erdogan ni al primer ministro Yildirim[5] (Kingsley 2016). Es más, el presidente tuvo la oportunidad de mostrarse en público desde su teléfono a través del chat Facetime y los golpistas no leyeron manifiesto (Temelkouran 2016). Se perdieron varias vidas, es cierto y lamentable, pero el intento de golpe no alcanzó la magnitud necesaria para ser exitoso. No logró involucrar a personajes del más alto mando ni a militares de todas las fuerzas. Los miembros de la fuerza aérea estuvieron divididos en ambos bandos y, entre las fuerzas terrestres, solo una parte de las divisiones de tanques colaboró (Kingsley 2016). Fuera del marco de Singh centrado en los militares, agregamos que la población civil tampoco se involucró de la manera como los golpistas hubiesen querido. La popularidad de Erdogan jugó en contra del intento. En una potencia intermedia como Turquía, errores de cálculo de este tipo suelen resultar fatales[6].

 


[1] Existen desde que Lucio Cornelio Sila marchó sobre Roma con un ejército de cuarenta mil hombres en el año  83 a.C (Viana 2014).

[2] Se calcula que en los últimos cien años Tailandia ha pasado por más de veinte golpes, Perú por doce, El Salvador por ocho, y Chile y Argentina por seis (Viana 2014).

[3] En su versión más clásica, este modelo muestra la interacción entre el esposo que prefiere ver un partido de fútbol y la esposa que prefiere ir a la ópera. Más allá de que el ejemplo sea bastante estereotipado, nos ayuda a comprender cómo se comportan los jugadores cuando tienen preferencias diferentes pero deben actuar juntos. Algo similar ocurre en los golpes de estado. A nivel individual los militares pueden ser favorables u hostiles al gobierno, pero al momento de decidir su participación en el golpe deben considerar las preferencias de sus pares. Si cada uno actuara solo según sus convicciones personales, se podría estar preparando el camino hacia la guerra civil.

[4] Un típico caso en el que se aplica esta clase de modelos son las corridas bancarias.

[5] La captura del presidente y el primer ministro, por ejemplo, fue un aspecto clave del golpe de 1960 (Al Jazeera 2016).

[6] Según otro texto que emplea la Teoría de Juegos para explicar la vulnerabilidad de los países a golpes de estado, las fallas en la organización de los intentos son superables en los estados poco desarrollados como lo era Ghana en 1966. En otros más consolidados, sin embargo, lo más probable es que estos errores terminen arruinándoles el plan a los golpistas (Sutter 2000). 

 

Bibliografía

Al Jazeera (2016, julio 15). “Timeline: A history of Turkish coups”. Consultado el 21 de julio de 2016. http://www.aljazeera.com/news/europe/2012/04/20124472814687973.html

Kingsley, P. (2016, julio 17). “Turkey coup attempt: who were the plotters and why did it fail?”. The Guardian. Consultado el 21 de julio de 2016. https://www.theguardian.com/world/2016/jul/17/turkey-coup-attempt-who-were-the-plotters

Mokalla, M. (2016, julio 16). “Turkey has had several military coups in its modern history. A historian explains why” [Entrevista a Richard Bulliet].Vox World. Consultado el 20 de julio de 2016. http://www.vox.com/2016/7/16/12204508/turkey-military-coups-history/in/11968035

Singh, N. (2014). Seizing Power: The Strategic Logic of Military Coups. Baltimore: Johns Hopkins University Press.

Sutter, D. (2000). “A Game-Theoretic Model of the Coup d’État”. Economics and politics, 12(2), 205-223.

Temelkouran, E. (2016, julio 19). “Μια τουρκάλα συγγραφέας γράφει ένα συγκλονιστικό κείμενο για το πραξικόπημα” [Una escritora turca escribe un impactante texto sobre el golpe de estado]. The TOC. Consultado el 21 de julio de 2016. http://www.thetoc.gr/politismos/article/mia-tourkala-suggrafeas-grafei-ena-sugklonistiko-keimeno-gia-to-praksikopima

Viana, I. (2014, junio 10). “Los 33 golpes de estado del siglo XXI”. ABC. Consultado el 20 de julio de 2016. http://www.abc.es/archivo/20140610/abci-golpes-estado-historia-mundo-201406092013.html


Descripción del autor: Soledad Castillo Jara, alumna de 6to semestre de Ciencia Política y Gobierno en la PUCP. Comisionada de Publicaciones de la Asociación Civil Politai. Miembro del Grupo de Investigación del Orden Internacional y Órdenes Regionales (GIOR-PUCP). 

**La Asociación Civil POLITAI agradece a Soledad Castillo, estudiante de Ciencia Política y Gobierno de la Pontificia Universidad Católica del Perú, por publicar su artículo en este medio. La Asociación no comparte necesariamente las opiniones del autor.

 

 

 

 

   

 

 

 
 
 
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