Opinión

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Política exterior: Cambios y continuidades en el primer año de gobierno de PPK
Julissa Castro Silva [1]
30 de agosto, 2017

La constante territorial limítrofe ha estado presente en la agenda externa del Perú desde su nacimiento como República. Sin dejar de lado la cooperación, el conflicto bilateral se ha presentado como una posibilidad latente, y en diversas ocasiones de manera efectiva, hasta nuestra historia reciente. Como bien lo advirtió Carlos García Bedoya (2014) en la década de 1970, este tipo de circunstancias genera hipotecas que limitan la capacidad de los tomadores de decisiones de proyectar una política exterior más amplia y de lanzarse hacia nuevos objetivos.

Durante el primer año de gestión del Presidente Pedro Pablo Kuczynski, su apuesta ha sido, justamente, la de dar por superado los asuntos fronterizos pendientes. Una opción que evidentemente no han tenido los dos últimos gobiernos de turno al estar en curso la demanda marítima que el Perú interpuso contra Chile en la Corte Internacional de Justicia de la Haya.

Más allá de discernir sobre los pros y contras que implica no abordar la tesis chilena sobre la existencia de un triángulo terrestre [2] en la frontera en común por la vía político-diplomática (que bien podría ser comentado en otro artículo), quisiera enfocarme en las implicancias que ello ha traído para la formulación y priorización de la agenda exterior del Perú. Una suerte de cambios y continuidades si lo comparamos con el quinquenio anterior. Pero también de oportunidades para los próximos cuatro años que restan de gobierno.


Cambios

El ministro de Relaciones Exteriores, Ricardo Luna, publicó a fines del año pasado en un medio local [3] una nueva hoja de ruta en el relacionamiento bilateral con Chile. No solo se señalaron los ejes centrales de lo que posteriormente ha constituido la implementación del primer gabinete binacional con ese país. Sobre todo, el Canciller se enfocó en la nueva visión, una “más moderna y de futuro”, que primará con el vecino del sur en los próximos años. De allí que el Presidente Kuczynski declarara de interés nacional el encuentro que se produjo con su par chilena, Michelle Bachelet, y su equipo ministerial en julio pasado.

En esta nueva etapa de las relaciones con Chile se busca reconstruir la confianza mutua a través de la generación de una mayor interdependencia en su dinámica bilateral. Bajo ese objetivo, se amplía la agenda compartida y adquiere un sentido multidisciplinario y no restringido únicamente al campo económico o migratorio, como tradicionalmente han sido concebidas.

Otro cambio importante con respecto a la gestión pasada ha tenido lugar con la priorización de la defensa de la democracia en la proyección de los intereses del Perú en la esfera internacional. A pesar de no haber sido una temática ampliamente desarrollada en el programa político que presentó Peruanos Por el Kambio (PPK) en el último proceso de elecciones presidenciales, el actual gobierno ha buscado liderar la problemática venezolana a nivel regional.

El primer pronunciamiento oficial al respecto de la crisis del país sudamericano se produjo a tan solo dos meses de haber inaugurado su mandato. Durante su discurso en el 71 periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Kuczynski sostuvo que el principio de no intervención en los asuntos de otros Estados no es incompatible con la defensa de la democracia.

El Perú mostró, en aquella ocasión, su mejor disposición para coadyuvar al fin del conflicto interno venezolano. Poco después, el Canciller señaló que el objetivo del Gobierno era propiciar una reacción multilateral eficaz sobre el particular. De allí la referencia a crear una mediación colectiva al ejemplo de lo que fue el Grupo de Contadora y su papel para resolver en la década de 1980 una crisis que amenazaba con desbordarse a toda Centroamérica.

Si bien esa estrategia no ha prosperado hasta el momento debido a la férrea oposición del gobierno de Nicolás Maduro, la Cancillería peruana logró convocar a un grupo considerable de ministros de Relaciones Exteriores del continente [4] para formar un frente común ante la difícil situación política, económica y social que atraviesa ese país.

El denominado Grupo de Lima no solo condenó la violencia y el quiebre democrático que significó la destitución de la Asamblea Nacional, sino también ha iniciado un proceso de consultas para la aplicación de la Carta Democrática a Venezuela. Tarea difícil, ciertamente, pero que evidencia el liderazgo peruano para abordar este tema. Solo el tiempo resolverá la duda que genera su efectividad.

La importancia que tiene la crisis en Venezuela para el gobierno peruano no solo se explica en los principios que respalda la Carta Democrática de la Organización de Estados Americanos (OEA); la cual, vale comentar, fue una iniciativa impulsada por el Perú a inicios del nuevo milenio. Existe también un interés práctico en el tema.

Una profundización del conflicto en el país sudamericano empujaría a un número mayor de venezolanos a buscar un mejor porvenir en tierras extranjeras, entre ellas el Perú. Si bien el Presidente Kuczynski aprovechó su discurso de 28 de julio para solidarizarse con los venezolanos y manifestó que está ampliando el permiso temporal de permanencia en el país, cabe preguntarnos por las medidas a tomar por el Gobierno ante un eventual incremento del flujo [5] de inmigrantes venezolanos a este país.


Continuidades

A fines de 2014, el Perú se acogió al Programa País de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE). Este es un instrumento que busca apoyar a economías emergentes y dinámicas como la de Perú en el diseño de sus reformas y en el fortalecimiento de sus políticas públicas. La decisión de ingresar al mencionado grupo se tomó durante la gestión de Ollanta Humala pero se ha convertido en una política de Estado.

La actual administración le ha dado continuidad a ese objetivo, pero, sobre todo, ha colocado el ingreso del Perú a la OCDE como una prioridad en la agenda externa del país. Desde su discurso inaugural como Presidente de la República, hasta su segundo mensaje a la nación el pasado 28 de julio, Kuczynski ha reafirmado ese compromiso.

Considero que, eventualmente, de mantenerse como un tema preeminente, el Perú logrará celebrar su pertenencia a esa organización internacional que se caracteriza por sus altos estándares de desarrollo. La pregunta es cuándo sucederá eso. Tengo mis reparos en afirmar, tal como lo hace el Jefe de Estado, que ello será posible para el 2021.

Pero, más allá de si se concreta esa meta para el bicentenario, su sola priorización ya es importante porque ello empuja al gobierno a identificar, comparar y compartir sus experiencias de políticas públicas con otros países que ya poseen un nivel mayor de progreso.

La apuesta por el Foro de Cooperación Económica del Asia Pacífico (APEC) y la preponderancia de la Alianza del Pacífico por sobre otros mecanismos de cooperación, también representan la continuidad de la política exterior de integración económica peruana. Salvo un breve hiato en los primeros años del nuevo milenio, la primera se mantiene como una política de Estado desde la participación del Perú como miembro pleno en 1998. La segunda, desde su lanzamiento en 2011.

Mientras que APEC ha significado una plataforma de cooperación y de suscripción de acuerdos comerciales, la Alianza del Pacífico busca convertirse en un área de integración profunda con una proyección clara hacia el Asia Pacífico (AP). En este momento, se sabe lo que la Alianza pretende alcanzar, pero no queda muy claro cómo logará de manera efectiva superar sus propios retos internos para ampliar su proyección internacional. De cualquier modo, la priorización de ambos modelos [6] se encuentra articulada directamente al modelo de desarrollo que el Perú mantiene desde la década de 1990.

Otros temas, como la construcción de un muro en la frontera entre Ecuador y Perú, se han ubicado sin duda como un punto central en la agenda externa del país en un momento determinado. Pero más allá de acontecimientos coyunturales resueltos de manera satisfactoria, los puntos considerados en este breve recuento de cambios y continuidades tienen visos de mantener un posicionamiento privilegiado en la agenda externa del país para los próximos cuatro años que restan de gobierno.


Referencias bibliográficas


 

* La Asociación Civil POLITAI agradece a Julissa Castro, Pontificia Universidad Católica del Perú, por publicar su comentario en este medio. La Asociación no comparte necesariamente las opiniones del autor.

[1] Docente Investigadora del Dpto. de CC.SS. de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Contacto: jcastros@pucp.pe

[2] El expresidente chileno Sebastián Piñera sostuvo, al pronunciarse luego del fallo que emitió la Corte de La Haya el 27 de enero de 2014, que el inicio de la frontera marítima (Hito nº1) correspondía también al de la frontera terrestre.

[3] La República (04/12/2016). Ricardo Luna, ministro de Relaciones Exteriores. Columnista invitado.

[4] A la cita convocada por la Cancillería peruana el pasado 08 de agosto asistieron los siguientes países: Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá y Paraguay.

[5] Recientemente, la Interpol Perú informó que a diario llegan 400 ciudadanos extranjeros a esta dependencia a fin de solicitar su certificado de antecedentes policiales internacionales. De ese grupo, más de 300 ciudadanos son venezolanos que intentan obtener el documento con el objetivo de tramitar el Permiso Temporal de Permanencia (PTP).

[6] También podríamos incluir al Acuerdo de Asociación Transpacífica (TPP), pero aún genera incertidumbre su viabilidad ante la renuencia del actual gobierno de los Estados Unidos por ratificarlo.

 

 

 

 

 

   

 

 

 
 
 
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